No puedo describir con la suficiente claridad lo exultante que me siento por la victoria de los Dodgers de Los Ángeles el pasado sábado. Aunque muchas voces dicen que en el juego siete no ganaron los Dodgers sino que perdieron los Azulejos, me parece que efectivamente estos últimos cometieron errores estratégicos (no enviar al robo de la segunda base para evitar el doble play), pero dieron un partidazo. También creo que tienen mucho mérito las joyas ofensivas y defensivas de Rojas, Yamamoto, (bien merecido el MVP), Ohtani, Sasaki, Freeman, Smith, Muncy, los Hernández, Snell, Kershaw y Betts, entre muchos otros que dieron una muestra de resiliencia, entrega y compromiso.
Un partido muy competitivo en términos de táctica y rendimiento deportivo. Los japoneses en verdad hicieron lucir la novena de los californianos, sin restar mérito al resto del equipo que en verdad sudó la franela y se lució en grande. Si. Está bien. Tal vez estoy exagerando un poco, pero los partidos de extra innings (uno a dieciocho entradas y el último a once) dejaron de manifiesto que este deporte tiene tantos matices que un solo disparo a la caja de bateo puede determinar el resultado.
Obviamente sentimos emociones encontradas al ver a un Vladimir Guerrero abatido, siendo que dio una cátedra de bateo y una exhibición magistral en la primera almohadilla; un Springer que jugó lesionado y aun así se fajó para impulsar carreras, fue u poco complicado pues dieron lo mejor de ellos en lo individual y en lo colectivo.
La preparación mental para este tipo de competencias juega un papel fundamental. Se requiere de una entereza específica para jugar con mente fría y el corazón ardiendo.
En estos juegos no valen las simulaciones. No se trata de decir, fanfarronear, amedrentar u hostigar al bando contrario que, dicho sea con todas sus letras, son vistos como competidores, no como rivales, y eso es uno de los elementos más importantes. No se trata de decir yo tengo más dinero o mi estadio es más grande y monumental. Se trata de hacer el gasto en el diamante y demostrar, con un desempeño de conjunto, la combinación de talentos necesarios para superar al equipo que se tiene enfrente.
Y mira, hablando de simulaciones, lo que ocurrió en Tailandia en el certamen de Miss Universo. El director del evento, trató de una forma por demás grosera, despectiva y reprobable a la representante de México Fátima Bosch, quien con toda gallardía y firmeza respondió de forma asertiva, serena y hasta diplomática a las embestidas verbales del tipo que faroleaba sus negocios, su dinero y el poder adquirido en ese medio.
Generalmente no sigo este tipo de eventos. Me parece poco “útil” (por no escribir las palabras que realmente estoy pensando) “seleccionar” cuál es la mujer más guapa en el mundo, sabiendo que los estándares de belleza son impuestos por aceptación insulsa de las marcas y un número ínfimo de personajes que lucran con la dignidad de mujeres talentosas. Sin embargo, hoy lo traigo a mi amada columna para poner de manifiesto mi grata sorpresa al ver a una joven de veinticinco años alzar la voz y demostrar que nadie la va a amedrentar por mucho poder comercial o influencia en el mundo especulativo de la lindeza.
¡Bravo, Fátima! ¡Bravo! Por tener los arrestos para enfrentar con garbo y personalidad los insultos de una persona poco decente (a juzgar por sus formas de solicitar participación), cobarde y tirana. Mis respetos para ti y para tu equipo que apoyó tu decisión. Sé que tiene tintes políticos, comerciales, mercantiles y hasta diplomáticos, mas fue una decisión que refleja sus principios y desvela la farsa de gente amable que sólo vela por sus propios intereses y le importa un pepino la relación con las participantes a quienes considera medios o instrumentos de mercadotecnia.
Dos temas que me llenan el corazón: El rey de los deportes que entrega su máximo trofeo del 2025 en una ciudad extranjera, y una mujer extranjera que les pone un hasta aquí al “país de las sonrisas” a través de sus representantes en materia de recursos financieros y posicionamiento de marcas, pero faltos de liderazgo y personalidad.
Seamos claros. Los Dodgers aprovechan la diversidad de nacionalidades para integrar uno de los equipos más competitivos en la escena deportiva actual, con resultados superlativos (bicampeones) y por otro lado un papanatas que demuestra su cortedad moral y falta de profesionalismo, escudándose en el poder de las mafias comerciales y la avaricia.
No quiero invisibilizar el trabajo de los demás, sólo hago la referencia por “el unicornio” que representa Ohtani y el nombramiento como el jugador más valioso (MVP) que fue Yamamoto. Una muestra de genuino profesionalismo, sin simulaciones, con Los Ángeles de Tokio y México en Tailandia.














