La decisión de Morena de afiliar a un personaje político duranguense ha generado controversia interna por tratarse de un personaje muy polémico. Luis Enrique Benítez Ojeda fue presidente del PRI en su estado y siempre se expresó mal del ex presidente Andrés Manuel López Obrador y de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, algo común en la mayoría de los priistas que en algún momento han decidido trasladarse a Morena, en su mayoría, por interés personal.
La protesta de la militancia real, la que siempre ha demostrado compromiso con el proyecto ha levantado la voz y se opone a que se sigan importando personajes como el mencionado, ya que no aportan nada y sólo se benefician de manera automática, pues acceden a candidaturas o a algún puesto administrativo de buen nivel. Esa situación que ha sido una constante desde siempre molesta a quienes siempre aportaron su esfuerzo porque están convencidos y comprometidos con el proyecto transformador.
Esta práctica ha sido persistente desde el momento en que se gana la Presidencia de la República en 2018, cuando Andrés Manuel López Obrador llega al poder. La aceptación ciudadana comienza a crecer y Morena se convierte en un partido bastante atractivo para acceder a espacios de poder. La fuerza que antes poseía el PRI y que, con el paso del tiempo y ante el desgaste político y social, se fue perdiendo, al tiempo que la credibilidad de ese instituto político iba a la baja, y es entonces cuando se da un proceso de migración gradual hacia Morena, una migración que en la base morenista nunca se aceptó, pero se mantuvo porque la cúpula de Morena así lo consintió.
Así fue como Morena se convirtió en receptor de un sinnúmero de priistas, algunos panistas y de otras corrientes políticas con la coartada de la aportación de votos para poder aspirar a ganar elecciones. En algunas ocasiones eso es real, pero en la mayoría no es así, como es el caso del flamante duranguense que en lugar de sumar resta. Y podríamos hacer una lista larga de ex priistas en esa situación, que siempre restaron, pero fueron incorporados por convenir a alguien de la cúpula, aunque al final resultara más un pasivo que un activo.
La política de puertas abiertas que se inició con el objetivo de ganar las elecciones en 2018, fue producto de la enseñanza de las dos elecciones anteriores, pero sobre todo la del 2006, por la escasa diferencia de 0.5 % de los votos. Ello obligo a generar una estrategia que permitiera garantizar que cualquier voto se sumara sin importar el origen y la condición de quien lo representara, el objetivo era ganar porque la patria es primero. Sin embargo, con el paso del tiempo esa estrategia se hizo costumbre y de pronto ya no importa quien sea y de donde venga, todos se suman y se meten sin formarse para ir desplazando a quienes por años lucharon sin condiciones.
No todos los priistas son malos, pero sí quienes desde que llegan condicionan su llegada a la obtención de una candidatura o algún cargo público. Esos son los que no tienen compromiso con un proyecto, no les interesa abonar a un cambio desde una perspectiva social, a esos sólo les interesa su ambición y su necesidad de satisfacerla. Por ello es que aquella teoría del Caballo de Troya, que significa Morena, toma relevancia y puede irse consolidando si se mantiene la tendencia de invitar a indeseables a formar parte del movimiento de transformación.
La situación nacional no está resuelta y mejorarla sí tiene que ver con una lucha entre quienes pretenden explotar los recursos nacionales y quienes ven al mundo como una oportunidad de desarrollo entre iguales, para mejorar las condiciones de vida desde un punto de vista integral, como una posibilidad de ser justos y cuidar a la naturaleza como condición de desarrollo. Morena tiene una gran responsabilidad y tiene que estar a la altura de ese compromiso, es una condición obligada para continuar al frente de los cambios que requiere nuestro país. Hay que ser prudentes y no permitir que gane el ego y la ambición, de por medio está la nación.














