Se ha comentado en diversas ocasiones que la justicia es un pendiente del Estado mexicano con su pueblo. La justicia ha sido elitista y sólo alcanza para quienes ostentan el poder político y económico, pero no para los de a pie, para ellos la justicia es algo lejano, tan lejano que hoy que se tiene la oportunidad de cambiar al Poder Judicial no se alcanza a entender lo relevante de este ejercicio democrático.
El tema tiene que ver con la impunidad que predomina en el país debido a las relaciones de complicidad, sobornos y prebendas que practican los jueces y quienes solicitan favores más allá de la propia ley; la llamada puerta giratoria. Hay que agregar también la falta de compromiso para investigar y llevar a prisión a servidores públicos corruptos que abundan en el país.
Las fiscalías y el Poder Judicial están íntimamente relacionados y, en muchas ocasiones, se acusan mutuamente de no hacer bien su trabajo. Por un lado, los jueces acusan que las carpetas de investigación no están bien integradas y eso permite que un juez tenga la obligación de liberar a un probable responsable, sin haber sido juzgado. En otros casos, las fiscalías acusan que los jueces actúan de manera perversa para torcer la ley y permitir que algún acusado salga en libertad, aunque exista la evidencia de que sí cometieron un delito.
Toda esta podredumbre que hemos padecido a lo largo del tiempo, por evidentes complicidades entre los diferentes poderes, un mecanismo que se retroalimenta y se sostiene para no generar cambios que permitan garantizar la justicia, ha generado malestar social por la evidente impunidad a favor del poder político y económico.
De ahí la importancia de esta oportunidad de renovar al Poder Judicial, aún con todos sus matices y bemoles. A pesar de los problemas para llevar a cabo la elección para elegir un nuevo Poder Judicial, ésta es necesaria y urgente, no se puede postergar lo urgente y no se puede posponer la inercia de los cambios generados por la ola transformadora de un gobierno con verdadera conciencia social. Por eso las voces opositoras no han logrado socavar la credibilidad de la transformación y esa es una apuesta para que esta próxima elección sea un éxito que permita la legitimación del nuevo Poder Judicial.














