El desafuero del ex gobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo, actual diputado federal parecía inevitable, por el probable delito de violación en calidad de tentativa contra una media hermana. Sobre todo, porque la comisión respectiva en el Congreso de la Unión la encabeza Hugo Erick Flores Cervantes, quien fuera en su oportunidad coordinador de delegaciones federales al inicio de ese sexenio, pero que por diferencia de intereses entraron en conflicto.
Materia y elementos para el desafuero sobran, no sólo por el caso de intento de violación, sino por innumerables actos de corrupción, tras miles de millones de pesos del erario que, durante su gestión, se desviaron en beneficio suyo, de familiares y amigos. Este gobierno, encabezado por Margarita González Saravia, presentó una carpeta de denuncias con mucho sustento y el compromiso es presentar unas, porque existen muchas otras anomalías.
El proceso parecía inevitable, por lo menos en la comisión era un hecho que avanzaría, aunque otra cosa podría ser en el pleno, sin embargo el tema se fue congelando, del caso ya poco se habla y todo lleva a pensar que se busca congelarlo en una de tantas más negociaciones entre grupos políticos, lo cual nos parece lamentable porque, reiteramos, claro que hay delitos que perseguir, como los hubo de sobra contra el otro ex gobernador Graco Ramírez.
Es evidente que en este país y sus entidades federativas impera la impunidad y protección de personajes como Graco y Cuauhtémoc, que abusan del ejercicio del poder, se enriquecen con dinero público y, en la absoluta mayoría de los casos, todo queda en escándalo político coyuntural. Buena parte de quienes nos gobiernan son verdaderos delincuentes de cuello blanco, a quienes la ley no los alcanza por contar con complicidades múltiples.
Pueden aparecer en imágenes conviviendo o acordando con capos del mundo de la delincuencia, como en los casos recientes de los alcaldes de Cuautla y Atlatlahucan, o del propio Blanco Bravo en su oportunidad, y todo sigue como si nada.
Por todo eso es que vivimos momentos de incertidumbre en nuestra relación con Estados Unidos, cuyo presidente Donald Trump, parece dispuesto a castigarnos si no ponemos remedio a la migración, al tráfico de drogas hacia aquella nación y la impunidad en muchos rubros. Pero en calidad de mientras. ¿Ya le perdonaron la vida a Cuauhtémoc? El tiempo lo dirá.














