En Morelos ya no hace falta rascar demasiado para encontrar otro foco rojo: basta asomarse al IEBEM. Lo que menos necesita el estado, con la calle sensible, los grupos sociales en alerta y el magisterio con la paciencia agotada, es que desde la educación básica se abra un frente más de conflicto. Pero ahí está el Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos, convertido otra vez en caja de resonancia del desorden, la simulación y la falta de mando.
No se trata de un pleito aislado ni de una inconformidad pasajera. En Cuernavaca, Tetela del Volcán, Cuautla, Xoxocotla y otros municipios, las escuelas han sido escenario de protestas, tomas, exigencias de cambios de docentes o directivos y reclamos de padres de familia que, con razón o sin ella, terminan llenando el vacío que deja la autoridad. En 2025 el propio IEBEM reconoció que atendía entre tres y cuatro conflictos escolares por semana, mientras medios locales documentaron planteles cerrados, padres inconformes y comunidades escolares partidas por dentro. Esa no es normalidad institucional: es administración del caos.
Y en el colmo, otra ves el caso de la USICAMM que no termina de desnudar el problema. La propia narrativa oficial del Gobierno de Morelos habló de reiniciar actos protocolarios de asignación de plazas después de una revisión federal al sistema estatal, y presumió una nueva metodología para fortalecer controles y rendición de cuentas. Pero el discurso oficial choca con los señalamientos del magisterio: el SNTE ha denunciado presunto ocultamiento de plazas, inconsistencias en el catálogo de vacantes y opacidad en los procesos de asignación, promoción y horas adicionales. Si todo está tan limpio como dicen, ¿por qué entonces la desconfianza crece cada vez que se mueve una plaza?
Lo ocurrido ayer con la publicación de resultados de la promoción horizontal raya en la ignominia y constituye una afrenta más al magisterio morelense, porque agravia su inteligencia y confirma lo que desde hace meses se viene denunciando: que los procesos de la USICAMM se han convertido en una ruta tortuosa, opaca y desgastante para maestras y maestros que cumplen, estudian, se evalúan, reúnen documentos, esperan fechas oficiales y al final se topan con listados que no despejan dudas, sino que abren nuevas sospechas. La promoción horizontal no es un premio menor ni una dádiva administrativa; es un esquema de incentivos para docentes, directivos y personal de educación básica que permite mejorar sus ingresos sin cambiar de función.
De acuerdo con la información pública de la USICAMM, los listados nominales ordenados forman parte del proceso 2026-2027 y su consulta se realiza en el sistema nacional de resultados; incluso la propia convocatoria advierte que aparecer en el listado no obliga a la autoridad a asignar el incentivo a la totalidad de participantes, pues la asignación queda sujeta a disponibilidad presupuestaria. Ahí está precisamente el abuso: se convoca al magisterio a competir bajo reglas supuestamente claras, pero al final se deja una puerta abierta para la discrecionalidad, la frustración y el manoseo político. En Morelos, además, el IEBEM difundió la convocatoria estatal de promoción horizontal 2026 y, por tanto, no puede escudarse cómodamente en que todo depende de la federación. Si el instituto es ventanilla, operador y autoridad educativa local, también tiene la obligación de explicar con claridad, defender a sus maestras y maestros, transparentar incidencias y no limitarse a reproducir comunicados como si el enojo docente fuera un trámite más. Lo de ayer no sólo fue una mala publicación de resultados: fue una bofetada institucional a un gremio que ya está cansado de ser tratado como si no entendiera los procedimientos, los calendarios, los puntajes ni las trampas del sistema.
El fondo del asunto está en los mandos. En el IEBEM hay demasiados encargados de apagar incendios sin saber dónde está la manguera. Funcionarios que llegaron no por conocimiento del sistema educativo morelense, sino por recomendación, amarre político, cuota de grupo o pago de favores. Ahí están los resultados: respuestas tardías, mesas que no resuelven, oficios que se pierden, acuerdos que luego nadie reconoce y comunidades escolares que terminan haciendo justicia por propia mano porque la autoridad no aparece o aparece tarde.
La Secretaría de Educación tampoco puede fingir sorpresa. Si el IEBEM se descompone, la responsabilidad no se queda en Nueva China, en Lomas de Cortés; sube hasta la oficina donde se supone que se conduce la política educativa del estado. La secretaria Karla Aline Herrera Alonso ha reconocido públicamente que los conflictos han suspendido clases y que las causas son multifactoriales: diferencias entre padres y maestros, falta de personal, inconformidades por trato a alumnos y problemas internos en planteles. Precisamente por eso urge autoridad, no boletines; conducción, no justificaciones; decisiones, no diagnósticos repetidos.
Porque en Morelos una escuela tomada no es sólo una escuela tomada. Es una colonia alterada, una comunidad dividida, niños sin clase, padres enfrentados, maestros bajo sospecha y un gobierno exhibido. Lo ocurrido en Tetela del Volcán, donde padres exigieron el cambio de 29 maestros en una secundaria; o en Xoxocotla, donde familias protestaron contra una directora y amagaron con tomar el plantel, muestra que el problema ya no cabe en el escritorio de un director. Es un asunto de gobernabilidad educativa.
Y ahí es donde los recomendados se vuelven un lastre. Sirven para acomodar compromisos, para cuidar parcelas, para contestar llamadas del padrino político; pero no sirven para gobernar una estructura compleja, territorial y explosiva como la educación básica. El IEBEM necesita menos compadrazgo y más mando; menos operadores de pasillo y más perfiles con autoridad; menos simulación y más limpieza en las plazas. Si quienes hoy ocupan los cargos no pueden poner orden, lo honesto es que se vayan. Morelos no puede seguir pagando con escuelas cerradas, maestros agraviados, padres enardecidos y niños sin clase el costo de una burocracia educativa que hace mucho dejó de estar a la altura, a ver…









