Hay ciertos temas que son imposibles de ignorar. El movimiento conocido como farmear aura está en todas partes y prácticamente cada persona con la que interactúo tiene una opinión respecto al movimiento. La socialización tiene diversos matices que requieren de un marco conceptual para entender su lógica (si es que la tuviera). Y entender las motivaciones, los propósitos e incluso las reglas para participar, pareciera una labor no muy sencilla. Cada tribu tiene sus gustos, sus ritos y sus límites. Opinar sobre quien está haciendo lo correcto y quien no, es probablemente una fórmula para lo políticamente incorrecto.
Cualquier actividad elevada a nivel de “competencia” requiere de un objetivo excluyente, participación plural, marco normativo, interacción competitiva y un claro y transparente sistema de medición y arbitraje. Una “exhibición” no tiene la intención de determinar un ganador, sino de mostrar sus habilidades para entretener a los espectadores, las reglas se flexibilizan para privilegiar el flujo, el arbitraje desaparece o en su caso se da retroalimentación en lugar de un veredicto.
Para intentar desglosar este movimiento, iniciemos por la participación. En una competencia deportiva (por ejemplo) se inscriben quienes han tenido una preparación específica, incluso hay ocasiones que necesitan demostrar su capacidad en una ronda clasificatoria para considerar su participación de manera oficial. Para farmear aura se requiere haber superado la catagelofobia (miedo a hacer el ridículo) y mira que tiene un mérito importante. De hecho, tus seguidores más entusiastas podrían ser aquellos que se saben incapaces de participar en un ejercicio donde los asistentes terminarán riéndose de sus movimientos.
En cuanto a las reglas de participación, entiendo que cada uno tiene un turno y que no hay exactamente un número de movimientos, ni un tiempo determinado, sino una secuencia de movimientos que generen un instante eufórico entre los asistentes para ceder el turno a la otra persona, convirtiendo así las reacciones de la audiencia en una especie de puntaje no escrito.
Bajo este esquema podemos entender que, si de nuestro grupo de 20 personas que busca entretenimiento sin pagar cover, sólo uno de nosotros quiere exhibirse haciendo movimientos que incluso parecieran no muy hábiles, el resto de nosotros lo vitoreará tan efusivamente como nos sea posible independientemente de su desempeño.
Hay algunos que opinan “al menos no están haciendo nada malo”. Y habrá quienes digan “pero tampoco están haciendo nada productivo”. Una tercera persona podrá decir “todos hemos hecho algo parecido en algún momento y no todas nuestras actividades tienen la obligación de ser productivas”. Y cada una de las partes tendrá su grado de verdad.
Lo que hoy en día están haciendo las juventudes es tan importante como aquello que están dejando de hacer. Esta exhibición de sus voluntades (porque no siempre son sus capacidades), en un formato que privilegia el impacto (supeditado a las preferencias de la audiencia) y que entretiene a los asistentes (o los exime del ridículo) es igual de valioso que dar soporte a un amigo cuando está construyendo su autoestima. Y al mismo tiempo es igual de peligroso por elevar su condición de victoria a una especie de validación de su persona.
El repertorio de movimientos, la estrategia para combinarlos y su efecto sobre la audiencia, asemejan un inventario de la autoestima. Pareciera que el objetivo es la mercantilización simbólica de su valía. No me parece peligroso en términos de convivencia juvenil, me parece complejo (y no por ello incorrecto) cuando separo la conducta del comportamiento. El comportamiento es aquello que los demás pueden observar; la conducta también incluye las razones que existen detrás de aquello que hacemos. Si yo no sé quién soy, pudiera estar validándome a través de un ejercicio que sólo requiere de mucha gente siendo condescendiente conmigo y eso no ayuda en lo absoluto. En cambio, si yo soy alguien que se conoce perfecto, que le encanta divertirse y que siempre está dispuesto a participar más que a competir, entonces puede ser un espectáculo bastante divertido para todas las partes interesadas en el ejercicio, sea productivo o no.
Sé que eran otros tiempos (o tal vez no han cambiado demasiado) si yo le hubiera dicho a mi mamá “quiero farmear aura” estoy casi seguro que me hubiera dicho “¡Ponte a lavar tus calzones en lugar de estar con tus payasadas!” “Y porque no mejor te pones a farmear chamba”









