En materia de noticias, la semana pasada fue bastante aburrida. Sin embargo, el jueves Andrés Manuel López Beltrán rompió el silencio al publicar una carta dirigida al presidente Donald Trump. El motivo era quejarse, pues le habían notificado que su visa había sido retirada. La razón de la carta estaba clara, pero aún no entiendo el objetivo de publicarla y hacerle saber a México que le retiraron la visa. Les invito a que desglosemos lo ocurrido; quizá así entendamos cuál fue el objetivo y por qué, además, se trató de una pésima jugada política.
López Beltrán es hijo de AMLO. Se dice que, mientras su padre fue presidente, fungió como un poderoso operador político que, desde las sombras, tenía un poder de decisión de primer nivel. Tras la salida de López Obrador de la Presidencia, intentó dar el salto a la vida pública al ocupar un importante cargo en Morena, desde donde sería la mano que mece la cuna.
Sin embargo, su falta de carisma, su repentina aparición en la vida política sin una trayectoria conocida y su mala operación provocaron un rápido desgaste en el cargo, una mancha en su imagen y resultados vergonzosos, como los de Coahuila, donde no ganó una sola diputación local.
A pesar de todos esos errores, puedo decirles que no dejó de ser el hijo del expresidente y uno de los hombres más influyentes de la política mexicana. Por ello, algunos de los políticos más importantes de Morena, gobernadores y personas que quieren asegurar un puesto en 2027 salieron en su defensa.
El retiro de la visa ha sido interpretado como la antesala de una denuncia, investigación o acción por parte de Estados Unidos, como ocurrió con el gobernador Rubén Rocha Moya. Es importante señalar que retirar una visa es una decisión exclusiva de Estados Unidos. El hecho de que ocurra no confirma, pero tampoco descarta, la existencia de una investigación por posibles vínculos delictivos.
Desde una perspectiva política, por supuesto, también es un mensaje mediante el cual Estados Unidos eleva la tensión con un país sobre el que quiere ejercer poder. Hoy, la noticia no es la razón por la cual ese país decidió retirarle la visa a Andrés Manuel López Beltrán —aunque quizá lo sea mañana—, sino la reacción que ha tenido el aparato político mexicano.
Desde diputados hasta la presidenta han salido a cuestionar la decisión de Estados Unidos respecto de quien, al final, es un ciudadano. Que hayan colocado este hecho en la agenda política y lo hayan presentado como una agresión, mientras quedan en segundo plano las declaraciones de Trump en las que coquetea con la intervención, la violencia contra los migrantes mexicanos y las acciones contra nuestro país, me parece propio de un gobierno con prioridades desordenadas.
Hoy, los gobiernos del mundo deben dejar de lado las actitudes viscerales y la necesidad de poder para encontrar la forma de construir en nombre del progreso, especialmente entre dos naciones que pueden hacerse mucho bien y que han recorrido juntas un camino que hoy sería ilógico dinamitar.









