“México está tejido con hilos de lucha…”. He repetido esta frase en esta columna en diversas ocasiones. pero cada vez que la leo, más me convenzo que falta solo caminar las calles o husmear en la historia, para ver estos hilos de lucha sobre los que se sostiene nuestra cultura; y siempre, junto a la lucha, ha estado la “izquierda”.
En estos tiempos, algunos mexicanos clasistas utilizan de manera peyorativa el término y concepto “izquierda”, como un insulto. Sostienen que existe una correlación entre izquierda, con pobreza, flojera, miseria y dictadura.
Piensan, que alguien de “izquierda”, solo extiende su mano para recibir dinero y tiene una terrible fobia al trabajo. Pienso que esta correlación, está ampliamente alejada de la realidad, pues la izquierda (de verdad) está relacionada con el trabajo, la lucha y la teoría. Lamentablemente, desde hace mucho tiempo, se ha utilizado esa bandera para llegar al Poder, incluso, a la silla presidencial de México.
Pero la izquierda pura, ha estado siempre del lado de la lucha, combatiendo en las calles contra granaderos, inundando los museos, los libros de tinta y la mente de jóvenes que quieren al enfrentarse por primera vez a la adultez un mundo mejor. A pesar de que el PRI -quien gobernó a este país durante su última etapa- jure que es de izquierda, la verdadera izquierda no había llegado al Poder porque a pesar de su conocimiento teórico y sublime contenido, no había tenido la habilidad práctica para organizarse y fue hasta López Obrador -por lo menos en el discurso- cuando la izquierda llegó al Poder.
Algunos representantes del movimiento, han señalado ya, que la bandera que sostiene a Morena, la sostiene con la fuerza de la hipocresía. Y fue el subcomandante Marcos quien comparó al ex Presidente Obrador con los presidentes del pasado, otro fue Cuauhtémoc Cárdenas, quien hizo notar las grietas que el Poder le ha provocado a Morena; o Ayotzinapa, alzando la voz porque después de todo, ellos obtuvieron la misma ayuda de Murillo Karam y de Obrador.
Pero, mientras todos los que alguna vez fueron la verdadera izquierda mexicana terminen de decepcionarse, podemos observar cómo muchos han preferido apostar legítimamente por formar un gobierno, antes que volver a la lucha en contra de él.
Ya no se ve a la UNAM abarrotando el Paseo de la Reforma, a los campesinos quitando gobernadores y presidentes municipales o la sociedad en general reprobando al Poder. Esas ausencias han provocado un extraño desequilibrio en la política mexicana que denomino, la lucha de los que no han luchado.
Soy consciente de que todos hacemos nuestra propia lucha, sería hipócrita de mi parte criticar el privilegio cuando soy yo un privilegiado. Pero entre la lucha que yo hago por terminar la universidad, ser una mejor persona y obtener un trabajo estable, está un universo de diferencia con el obrero mal pagado, víctima de un sistema, oprimido en todo sentido, que lucha por llegar a fin de mes, que su mayor pesadilla es una enfermedad imprevista y su mayor lujo sería mi más común costumbre.
Para él, asistir a un sonidero que está siendo clausurado por la policía, significa gritar ante las cámaras, -después de una vida de resistencia-: “…no sólo viven en Polanco o en Las Lomas, en los barrios más bajos también existimos gente”
La lucha tiene un problema, porque para quien hoy busca colarse y ser oposición, -alza la voz, lucha y se resiste-, pero no sabe cómo hacerlo, porque nunca lo ha necesitado. Claro, no será nunca la misma lucha del que marcha con un Starbucks, que la de aquellos que dejaron su sangre en esas mismas calles, claro que no dará el mismo debate el legislador que se abrió la puerta entre asambleas, marchas e ideas, que aquel que lo hizo por apoyo de grupos empresariales.
No demerito a su persona, pero sí cuestiono la lucha de aquel que alza la voz por coyuntura y no por necesidad. Tiene la lucha un problema, porque los hilos que hoy sujeta a la oposición del país son delgados y frágiles y eso es antidemocrático pues la torpeza de algunos, dará el Poder a otros.
Pero eso tiene solución, que es caminar las calles, husmear la historia, entender los problemas, escuchar música, leer los poemas y ver el arte.
El que México esté hecho con hilos de lucha, nos regala la posibilidad de mirar que la realidad está ahí, para todo el que quiera ver.









