Ya en el siglo IV A.C. Sócrates impugnaba y criticaba a los sistemas de gobierno. También consideraba que era incongruente que, en la democracia, las decisiones trascendentes fueran tomadas por una mayoría de ciudadanos indocumentados (que no tenían preparación formal o con falta de conocimiento de educación y cultura).
A casi 2500 años, al menos en México, sucede lo mismo. Y ya no hablemos de las votaciones para elegir a nuestros representantes populares, en la que también, una gran parte de los ciudadanos no razona ni analiza el voto que va a emitir. Para muestra, innumerables casos; pero solo mencionaremos casos en particular. Lo que sucedió en el Estado de Morelos en la elección para Presidente Municipal en el municipio de Cuernavaca. Un grupo de personas de un partido PSD, a partir del año 2009, tenían ocurrencias que les permitiera obtener un clientelismo de votos para su partido, e implementaban propuestas inalcanzables, pero que convencían a votantes. Eso les permitió ocupar escaños en el Congreso Local en Morelos y regidurías en varios municipios y por ende, muy buenos dividendos económicos. En el año 2015 se les ocurrió invitar a Cuauhtémoc Blanco Bravo para que buscara la presidencia municipal de Cuernavaca, logrando su objetivo. Lo convencieron con un pago de siete millones de pesos bajo contrato y le gestionaron todos los documentos necesarios para que se pudiera realizar dicha anomalía.
Ya se ha escrito mucho de esa historia, pero aun cuando Cuauhtémoc Blanco demostró desconocimiento de la política, del municipio, falta de preparación académica e incluso mostraba desinterés de su participación en la política. Los ciudadanos eran atraídos por su fama de futbolista. Y contra todos los diagnósticos, opiniones y previsiones, Cuauhtémoc Blanco es el candidato en este municipio que ha obtenido mayor número de votos. Y contra viento y marea el campeón deportivo ganó la presidencia municipal. Con ellos queda demostrado que, a la población, lo menos que le interesa es que haya un buen gobernante al frente de un cargo público. Eso se repitió para la gubernatura del Estado de Morelos. Pero eso no solo sucede en Morelos, sucede en todo el país, en todos los distrititos electorales, locales y federales. Sucede con todos los candidatos. Basta con que un candidato sea carismático, atractivo, que realice promesas atractivas, aunque nunca las va a cumplir.
Con la reseña anterior queda de manifiesto las respuestas al porqué los mexicanos actuamos así de esa forma, sin reflexionar, sin debatir, sin cuestionar.
Ayer y hoy hemos visto que los senadores y los diputados sirven al proyecto de una persona, de un líder, de un dirigente y difícilmente leen, escudriñan, debaten las leyes, reformas, decretos que aprueban. Casi siempre es la oposición la que lo hace. Pero siempre por ser oposición, no trasciende sus demandas, sus objeciones. Todo queda en el deseo. Ayer compraban las conciencias de los legisladores, hoy, con el simple hecho de estar en la nómina con percepciones cuantiosas se dan por bien servidos. Tal vez nunca, algunos, habían soñado vivir con unos ingresos tan altos de mayores a cien mil pesos mensuales, lo que les ha permitido tener una vida opulenta, y con las oportunidades de crecer su patrimonio.
Todo lo anterior, es un caldo de cultivo para que los cárteles y organizaciones del crimen organizado, les sea sencillo penetrar a las instituciones de gobierno en cualquier de sus órdenes y niveles.
Hoy lo estamos viviendo. Hay dos frentes de combate a la delincuencia que organizan desde las instituciones.
El Gobierno de Estado Unidos ha señalado a diversos servidores públicos de gobiernos estatales en diferentes entidades. Ya comenzaron los juicios en contra de algunos que voluntariamente se han entregado a la Justicia Norteamericana. Y le exigen a la presidenta Sheinbaum entregue a otros. Las listas irán creciendo y la incertidumbre, por la falta de disponibilidad de la mandataria para cumplir con la solicitud de la justicia de USA. Pero en México, ya es del conocimiento público que las instituciones del estado han sido penetradas por la delincuencia.
Por otro lado, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, encabezada por Omar García Harfuch, desde 2024 inició con un operativo llamado “enjambre”, en el que se ha dedicado a combatir la colusión de los políticos con el Crimen Organizado. Ya son más de 70 detenidos según un informe de mayo 2026, principalmente presidentes, expresidentes municipales, así como diversos personajes de la política, pero también empresarios, líderes, etc. Lamentablemente solo han enfocado sus investigaciones y acciones hacia personajes menores (eso no demerita que ha sido una buena medida) pero se nota que existe el unilateralismo en el operativo. Es decir, en su mayoría se han dedicado a detener a los presuntos delincuentes enemigos del sistema. Porque no investigan el Huachicol Fiscal, a Adán Augusto que nombró como Secretario de Gobierno de Tabasco a un líder criminal, miembro de la Barredora. A Rocha Moya, completamente involucrado con el cártel de Sinaloa y así con más casos cuantiosos.
La conclusión es que nuestro sistema político, de gobierno y del Estado está tan endeble que la mayoría de los políticos son cooptados por organizaciones criminales.
Y queda demostrado el dicho de Donald Trump: En México no gobierna nadie, más que los delincuentes, los cárteles de la mafia, el CRIMEN ORGANIZADO.














