Cuando el presidente Felipe Calderón decidió sacar al ejército a las calles para combatir al narcotráfico hubo opiniones encontradas. La mayoría visualizó la complicación de la paz en el país. Dado que el ejército nunca ha sido creado para ser un policía que cuide la seguridad pública. Su formación castrense le permite estar preparado para enfrentar la lucha cuerpo a cuerpo, con armas letales y tecnología tanto como se lo permita el desarrollo económico de cualquier país en cualquier parte del mundo.
En el sexenio de AMLO tuvo que debatirse ampliamente entre todas las fuerzas políticas presentes en la legislatura del 2018-2021 para realizar una profunda reforma constitucional, con la que se creaba una especie de policía civil nacional y que dio origen a la Guardia Nacional. Desafortunadamente lo que prometió el presidente AMLO no fue cumplido. La dirigencia de ese cuerpo policial quedó en manos de militares y la guardia civil no se logró. Es decir, la seguridad pública quedo en manos de militares.
Con estos gobiernos fue creada la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, para reforzar la seguridad pública.
Las estrategias que se han implementado no han resuelto las circunstancias de violencia, inseguridad, crimen organizado, fabricación, trasiego y distribución de estupefacientes y definitivamente el Estado no ha podido o no ha querido acabar con esa situación.
Pero veamos porque no funciona ninguna estrategia que implemente el Estado que siquiera permita iniciar con su combate.
La comercialización y consumo es un negocio y por lo tal existe. Si hay alguien que lo compre, va a haber alguien que lo venda.
En los gobiernos, nacional, estatales y municipales existen personajes con insanas ambiciones, que buscan la forma de tener mayores ingresos a los que les permite sus percepciones autorizadas (que ya de por sí son cuantiosas, por lo cual muchos no tienen los valores cimentados como para negarse a participar en esos negocios, lo que permite que exista corrupción, colusión, involucramiento, complicidad y participación en los delitos del crimen organizado, de lo cual hoy son numerosos los casos de policías, servidores públicos, diputados, senadores, gobernadores, que están asociados a esa delincuencia.
Gobiernos que abiertamente se han asociado y que han permitido la participación en elecciones de la Delincuencia Organizada.
Lo peor, la protección oficial del Estado, en sus tres poderes, de los delincuentes de cuello blanco, que en condiciones normales de justicia pudieran imputarse fácilmente como son Cuauhtémoc Blanco por violación, Marina del Pilar por lavado de dinero, Adán Augusto por haber nombrado como Secretario de Gobierno en su periodo de Gobernador a un líder del Cártel de la Barredora, a los hijos de Amlo, los López Beltrán, por su participación en redes de influencia ilegal para asignar y aprovechar contratos de obra pública, a estos mismos con Adán Augusto y almirantes de la Marina por el Huachicol Fiscal y a AMLO por haber permitido omisamente todo lo anterior.
Porque no se ha afrontado el problema principal, que es la educación. Ni ha habido una verdadera Reforma Educativa, porque no se ha implementado la enseñanza profundamente de los valores humanos, porque no se capacita a los maestros para una verdadera educación, porque no involucra a los padres de familia en el dúo enseñanza aprendizaje. Si no se trabaja en este rubro, la delincuencia y el caos de seguridad, impunidad y corrupción continuará por otros treinta años.
Se dice que el gobierno no es el responsable de la educación de los hijos, pero en este momento, las raíces, como son los padres de familia requieren de una educación especial para padres, pues no han sido capaces de educar a los hijos, por eso están convertidos en delincuentes muchos de ellos. Entonces el Estado si es el responsable de marcar los caminos, las metas, programas y una Reforma Educativa de gran calado para comenzar a mejorar el mundo que afrontarán los mexicanos del año 2050.
Mientras tanto debemos soportar cárteles, delincuentes, servidores públicos coludidos con el crimen organizado, corrupción sin medida, sea del partido que sea.
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