La lucha social en México es una constante histórica que refleja la necesidad de justicia, tierra, derechos laborales, democracia, pero sobre todo dignidad. Es un fenómeno permanente desde el periodo colonial hasta nuestros días. La Independencia, después la Reforma y la Revolución Mexicana que fueron movimientos armados que revolucionaron la vida de nuestro país y marcaron el inicio de una serie de luchas para reivindicar los derechos esenciales de diversos sectores de la población.
Todos los movimientos sociales son antecedidos por demandas sociales derivadas de alguna situación de injusticia, omisión u olvido respecto a los derechos más elementales del pueblo de México. Así ocurrió con el movimiento estudiantil en el 68 y la lucha guerrillera en los 70’s, tanto urbana como rural, que dejaron ver el rostro autoritario y represor del Estado mexicano en una de sus diversas facetas.
La lucha social es un conjunto de acciones colectivas que tiene por objeto defender derechos, mejorar condiciones de vida o transformar estructuras económicas, políticas y culturales preexistentes que se consideran injustas para con el grueso de la población.
La lucha estudiantil en México es uno de los movimientos sociales más emblemáticos, que no solo surge en defensa de derechos educativos, sino como parte de una lucha más amplia contra desigualdades estructurales del sistema capitalista en México. El estudiantado tiene la característica de ser un sujeto crítico, que no está integrado al sistema laboral y por lo tanto puede cuestionar el orden existente sin las ataduras de otros sectores.
La universidad pública, enmarcada en el Artículo 3 constitucional, ha costado diversas luchas encabezadas por la UNAM y el IPN porque son espacios que reproducen pensamiento crítico, ideología de izquierda y finalmente organización política. Pero no son las únicas, las escuelas normales rurales también son espacios que generan pensamiento crítico e ideología de izquierda y también han estado inmersas en diversas luchas sociales para defender derechos esenciales. Ejemplo de normales rurales son la Escuela Normal de Ayotzinapa en Guerrero y la Escuela Normal de Amilcingo en Morelos, cuyos jóvenes tienen la característica de ser de origen campesino y popular y que su lucha evidencia la relación áspera con el Estado, la violencia imperante y la exclusión social.
Al día de hoy, y a propósito del conflicto en la UAEM, las demandas tienen un matiz diferente porque hoy la escuela pública es una realidad, los avances en cuanto a posibilidades de estudiar son mucho mejores que con el régimen neoliberal, hay una verdadera preocupación por mantener los espacios educativos públicos activos y vigentes y, aunque las condiciones materiales no son lo mejor o suficientes, sí se hace un esfuerzo por mejorar cada día. Entonces las demandas de hoy están más relacionadas con el acoso sexual, la violencia universitaria y las estructuras patriarcales dentro de las universidades. La defensa de la educación pública en contra de los recortes presupuestales y la precarización de los espacios. Y por supuesto, la inseguridad, desapariciones y el incremento del consumo y venta de enervantes en los planteles. Por ello, la lucha de los estudiantes de la UAEM, además de legítima, debe entenderse desde un contexto de lucha por demandas mínimas razonables y, en la medida que sean atendidas, el problema se irá resolviendo de manera gradual.
Cuando los conflictos universitarios se prolongan, dan espacio a que actores externos comiencen a meter la mano y que, en lugar de ayudar, pretendan sacar raja política del problema y entonces deslegitimar lo que es una necesidad real. Por ello urge que el diálogo prolifere como elemento esencial de acercamiento y solución para lo que por momentos parece obscurecerse. Hoy los jóvenes universitarios han dado una lección de organización y lucha ejemplar por una serie de demandas justas, resolver ya es una obligación para mantener el espíritu positivo en la universidad. ¿Hay condiciones? Sí. ¿Hay voluntad? Ya lo veremos














