Los hombres olvidan antes la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio. — Nicolás Maquiavelo
Los ciudadanos estadounidenses han sentido en las últimas horas un golpe en un lugar especialmente sensible para ellos: el bolsillo. Tanto en ese país como en México, cargar gasolina se ha convertido en una tortuosa experiencia, y ver el precio en el gran tablero, una convocatoria al coraje.
El precio del petróleo —y, por lo tanto, de la gasolina, así como de todos los productos y servicios que dependen de ella para llegar a su destino final— ha tenido un incremento significativo debido al cierre del estrecho de Ormuz, que hoy ha detenido un importante porcentaje del transporte de petróleo y ha generado una creciente desesperación en la Casa Blanca.
Después del ataque de Estados Unidos e Israel a Irán y del inicio del conflicto en Medio Oriente, temí que la respuesta iraní sería atacar directamente el territorio estadounidense. Sin embargo, al no ser capaces de sostener una guerra a gran escala contra sus enemigos, Irán tomó una decisión estratégica: golpear en lo económico.
Irán colocó minas, buques de guerra y otro tipo de armamento en un pequeño estrecho que conecta a los países de Medio Oriente con aguas internacionales. Por ese paso se transportan recursos naturales clave, entre ellos cerca del 20% de la producción mundial de petróleo.
A pesar de que este petróleo se dirige en su mayoría hacia Asia, su impacto ha sido suficiente para que el precio del barril pasara de 70 a más de 100 dólares. La afectación es tan grande que incluso países no involucrados directamente en el conflicto, como México, resienten sus consecuencias económicas.
Esta acción estratégica ha golpeado a los mercados, a Estados Unidos y a sus aliados. Y siendo el dinero el único lenguaje que parece importar a Donald Trump, ha generado una evidente desesperación en la Casa Blanca.
En esa desesperación, Trump ha pasado de anunciar la apertura del estrecho a criticar su cierre, convocar a negociaciones y, después, amenazar con la eliminación de una nación entera. Tan solo en los últimos días se ha vuelto a hablar de negociaciones, al tiempo que se advierte que, de no alcanzarse acuerdos, las consecuencias serán devastadoras.
Con esta acción, Irán ha demostrado por qué la decisión que tomó Trump en su contra fue una de las más riesgosas en materia internacional en mucho tiempo, además de evidenciar que no se trata de una nación comparable con otras que han sido intervenidas previamente.
Lo más preocupante de este conflicto son, por supuesto, las vidas inocentes que se pierden en el fuego cruzado entre dos naciones con conductas cuestionables que hoy se enfrentan en la guerra. Pero también es innegable el impacto económico que esto tendrá, especialmente en los estadounidenses, quienes en pocos meses deberán votar en elecciones intermedias para mantener o retirar el apoyo legislativo a Trump. Será entonces cuando veamos si sus decisiones lo obligan a moderarse o, por el contrario, lo empujan hacia una postura aún más agresiva.














