"La verdadera democracia no puede instaurarse por la fuerza del poder gubernamental... sino que debe venir desde dentro, mediante la toma de conciencia de las masas sobre su propio poder." Mahatma Gandhi
Aunque suene a una barbaridad, tener que defenderse del propio gobierno en alguna de sus esferas de acción pública, no es nada nuevo, tan es así que se crearon figuras jurídicas como habeas corpus del que toma esencia el amparo mexicano.
Dicho de otra forma, la autoridad judicial y los congresos legislativos deben entender que los mecanismos que protegen a las personas de los abusos del poder público, es parte esencial de una verdadera democracia.
Tratar de limitar la protección de los ciudadanos, impulsando ventajas a las autoridades, es alejarse del sentido de soberanía nacional originaria que tiene origen en el Pueblo.
En un estado democrático, y especialmente cuando se trata del pensamiento de la izquierda que es el de la igualdad y la protección del pueblo y especialmente de los denominados marginados o en condición de vulnerabilidad, el fortalecimiento de los mecanismos de defensa de la población ante los posibles abusos del poder público, son absolutamente esenciales y prioritarios.
Si el ciudadano además de tener que defenderse de su poder público que le asesta en cada ocasión nuevos impuestos, pagos de derechos, súper fiscalización, pero a sí mismo, no se vigila ni deja que la población le vigile y le evalúe; si además de todo eso tiene que lidiar con un poder judicial indolente u omiso a la protección de los derechos humanos, con la fábula de los trámites y la forma sobre el fondo, entonces, la población debe repensarse, repensarlo todo; responsabilizarse y tomar las armas del conocimiento, rehacer leyes, organizarse, quizá como lo hizo alguna vez, quienes en Francia derrotaron a la monarquía, para iniciar la república.
Hoy en México se tiene esperanza en que el poder judicial federal se apegue a la protección de los derechos humanos y sea justo y no solo legaloide. Esa esperanza es el Tribunal Federal de Disciplina Judicial. Que ya ha mostrado ser mucho, pero mucho más eficaz que el antiguo, Consejo de la Judicatura y sus visitadores que al final terminaban siendo protectores de injusticias.
El Tribunal de Disciplina Judicial es en ese sentido la gran esperanza contra la injusticia en México.
Pero además de ello, los partidos políticos deben responsabilizarse de los candidatos que lanzan a concursar en las elecciones periódicas a representar al pueblo. No pueden ni los partidos políticos, ni los órganos electorales como el INE, seguir siendo indolentes en la vigilancia que deben tener respecto al derecho a ser votado el ciudadano en condiciones de igualdad y sin más limitante que su capacidad y su virtud para servir al Pueblo, en la representación del mismo.














