El Artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos otorga autonomía a los Ayuntamientos en el país, y éstos se estructuran en Cabildos que son órganos colegiados que, teóricamente, tienen la función o facultad de abordar diversos temas que conciernen a la vida administrativa de los ayuntamientos. El Cabildo tiene la facultad de elaborar los reglamentos necesarios para la buena convivencia, aprobar las cuentas públicas de los ayuntamientos, proponer al Congreso sus leyes de ingreso y aprobar su presupuesto de egresos, entre algunas otras. Es el órgano colegiado el que, en su conjunto, cuenta con una diversidad de facultades orientadas a garantizar la transparencia y el adecuado manejo de los recursos públicos.
La realidad es que difícilmente funcionan así, los órganos colegiados en general han dejado de funcionar con el espíritu con el que fueron creados. La toma de decisiones colectiva y equilibrada es un mito; en la actualidad, los presidentes municipales son quienes realmente controlan y deciden todo en los ayuntamientos. La figura de los regidores pasa a ser sólo un instrumento para legitimar las decisiones del presidente en turno.
Hoy los presidentes municipales concentran el poder porque controlan el presupuesto y en general la administración; deciden la mayor parte de los nombramientos del personal y, cuando requieren la aprobación del Cabildo, suelen consensuar previamente para que sean personas cercanas al presidente, y también son los que aprueban todos los contratos; controlan la agenda del Cabildo, por lo que los regidores tienen poca o nula posibilidad de influir en la mayor parte de las decisiones.
También es una realidad que la mayor de las veces los regidores llegan sin la mínima preparación acerca de las tareas que deben realizar, de lo básico que significa saber qué es un Cabildo y cómo funciona, cuáles son sus facultades y obligaciones, la importancia que tiene un órgano colegiado y su aportación a partir de la deliberación de propuestas y temas de relevancia para con sus gobernados. Y todo ello abona a la verticalidad en las decisiones y la opacidad en el manejo de los recursos. Y esto ocurre por diversas razones, pero tiene que ver con las relaciones de compadrazgo de algunos regidores con los líderes partidistas, los pagos de cuotas y el uso clientelar de los partidos políticos entre otras causas; todo esto retribuye al debilitamiento institucional del Cabildo.
Este tema es de especial relevancia porque, si los ayuntamientos funcionan bien, el beneficio a la sociedad es enorme. Cuando un presidente municipal es capaz de anteponer el interés general sobre el particular, sin duda, el avance en varios rubros es extraordinario. Cuando los regidores, al mismo tiempo, demuestran capacidad y compromiso social, el Cabildo se convierte en un espacio real de deliberación y fortalece las decisiones que desde ahí emanan.
La importancia de fortalecer los Cabildos reside principalmente en el interés de ser el orden de gobierno que tiene el primer contacto con la gente, es el espacio que recibe y opera las solicitudes primarias que tienen que ver directamente con las condiciones de desarrollo para las familias que más necesidad tienen en una sociedad.
Mientras en México no tengamos Cabildos municipales que funcionen como instituciones formales y no como espacios que tejen redes políticas complejas, donde se cruzan intereses partidistas, clientelares y económicos, la posibilidad de generar bienestar será a cuentagotas. Por ello, se requiere contar con representantes con verdadera vocación de servicio y comprometidos con el pueblo. La ciudadanía necesita sentir en los hechos que sus representantes están para servirles y no para servirse.














