Llegó una reforma que, si yo fuera diputado, pensaría en apoyar.
Finalmente llegó a la Cámara de Diputados un delgado documento, con 34 hojas y reformas a 11 artículos de la Constitución. Se trata de la propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum para una reforma electoral. Su tamaño puede ser pequeño, pero su espera ha sido amplia, su existencia polémica y su destino incierto.
No lo sé, quizá después de una reforma electoral propuesta por el expresidente López Obrador que deshuesaba al INE y eliminaba de tajo a los plurinominales, soy víctima de la teoría de la ventana de Overton, que explica que, después de ideas descabelladas propuestas por un gobierno, las diferentes suenan como prudentes. Pero me parece que la presidenta ha hecho una propuesta bastante moderada y coherente, que si yo —constante crítico de Morena— pudiera apoyar, quizá lo haría.
Hablemos de ella. Los principales temas que yo identifico entre los 11 artículos reformados podrían observarse en materia de consultas populares, recursos, fiscalización, medios de comunicación, listas y acciones afirmativas.
Respecto a las consultas populares —que han sido una importante y novedosa propuesta de Morena, pero que han sido víctimas de un proceso atropellado, poco claro y con baja participación—, la reforma aclara las formas para pedirlas, llevarlas a cabo y participar en ellas por parte de ciudadanos y autoridades.
Un tema espinoso, sin duda alguna, son los recursos y la fiscalización, debido a que la reforma propone una reducción de un cuarto del presupuesto que existe actualmente. Si bien esto en realidad puede provocar que los partidos —siempre mañosos— busquen recursos en lugares ilícitos, me parece que la intención de la Presidenta es coherente con su lógica. Además, la reforma propone una fiscalización en tiempo real y eleva a nivel constitucional la prohibición de recibir recursos provenientes de particulares y de actividades ilícitas.
También se propone disminuir el tiempo que pueden ocupar los spots en televisión, lo cual me gustaría que fuera acompañado por acotar la propaganda física. Además, de ser aprobada la reforma, todo contenido hecho con inteligencia artificial deberá ser etiquetado como tal, lo cual me parece un importante precedente para que el día de mañana exista una etiqueta en todo contenido hecho por IA, lo que podría combatir la difusión de noticias falsas.
Finalmente, lo más importante de la reforma es la desaparición de los “pluris”. Si bien existe una complicada fórmula que me gustaría tratar en otro artículo, la idea de esta modificación es que toda aquella persona que quiera ocupar un curul o escaño deba someterse al voto popular. Si bien esta reforma no aboga necesariamente por la distribución del poder, es coherente con la idea de la Presidenta: “no más listas”.
¿Por qué me atrevo a decir que esta reforma no es una aberración y que incluso —con algunas modificaciones— podría ser una buena idea? Porque pienso que el votante de Morena, que genuinamente cree en la democracia como forma de poder del pueblo, en un uso del poder austero y en un trabajo “de la mano del pueblo”, se ve correspondido de manera correcta. Esta reforma sí es para quien votó por Morena, no para desahogar conflictos personales.
Ahora veremos si logra pasar.














