Ya es costumbre que todos aquellos que por alguna razón han renunciado o terminado su relación laboral con el expresidente de la República, inicien una serie de ataques, denostaciones y habladurías que denotan un resentimiento atroz generado por la frustración hacia quien no les permitió hacer del espacio público un espacio de negocio o plataforma personal.
Menciono esto a propósito del libro titulado “Ni venganza, ni perdón”, escrito por Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez, en donde el tema principal es una serie de señalamientos contra diversos colaboradores del anterior presidente. El tema adquiere relevancia porque este escrito es tomado por toda la oposición para hacer escarnio sobre el proyecto de la Cuarta Transformación y, en su claro encono, lo toman como una declaración inobjetable para continuar con sus intentos de socavar la credibilidad de quienes osaron quitarles los privilegios y los grandes negocios.
El libro es una memoria personal y pretende ser un relato testimonial de la experiencia del autor en su paso por la administración pública. Sin embargo, al ser un relato subjetivo, su estructura narrativa oscila entre la reflexión íntima y la crónica política, por lo que no puede ser una referencia histórica o analítica de un acontecimiento. El libro carece de fuentes verificables, por lo que el impacto de su texto es mínimo. Tiene más el matiz de ajuste de cuentas a partir de relatos subjetivos, que la reconstrucción imparcial de acontecimientos políticos.
Entonces, al ser un documento que no tiene un respaldo en sus afirmaciones y que se inscribe en la tradición de la memoria política o testimonio de poder, su estructura responde más a la lógica del relato autobiográfico, que a la del análisis sistemático. El autor se presenta como testigo privilegiado que se pretende como alguien moralmente íntegro, que incluso el título sugiere una postura ética: ni revancha, ni absolución. El “yo” como eje de su autoridad moral, pero sin datos ni referencias de ningún tipo, sólo testimonio sin dimensión probatoria.
Aun con todo lo expuesto, la oposición lo toma como su biblia y arremete contra quienes consideran sus enemigos, no importa que su fuente no sea verídica, para ellos la narrativa se mantiene en buscar desprestigiar y pretender demostrar que todo es igual o peor que ellos. Ese es su objetivo, porque entonces así ya no habrá esperanza y lo único que seguirá es el conformismo y la aceptación de lo inmoral.
El fin de la oposición es dejar claro que la corrupción, la impunidad y la mentira está generalizada y que no hay manera de escapar a esa realidad, porque eso los legitima y les abre la puerta para regresar a lo que tanto anhelan: recuperar sus privilegios y seguir saqueando a la nación. Y ello se demuestra simplemente porque cualquier libelo que hable mal o cuestione los resultados de la Transformación, así sea una sarta de mentiras fácilmente demostrable, para ellos se convierte en un cúmulo de elementos para justificar su narrativa sucia y manipuladora, buscando que, al repetirlo de manera infinita, se convierta en una verdad absoluta.
La fuerza de la Transformación reside en sus resultados, las circunstancias que oscilan entre sus resultados y las narrativas personales de quienes formaron parte, en algún momento, del proyecto transformador. Quienes pretenden empañar un proyecto de la envergadura de la Cuarta Transformación, requieren mucho más que relatos subjetivos, basados más en la frustración, pero que no aporta ni un intento de estructura analítica y menos el respaldo documental sistemático.














