“Luchemos contra el yankee, enemigo de la Humanidad”, decía el himno sandinista y parece que fueron obligados a borrar esta frase. Esta Asamblea tuvo como objetivo manifestar la permanente solidaridad de nuestro pueblo a Venezuela, ahora objetivo de la agresión a causa de su riqueza petrolera. Estuvo presente la Embajadora de ese país hermano.
Pero parece mentira que haya quienes critiquen estos esfuerzos como si se sintieran injuriados. Personas con ciertos diplomas académicos que no quieren entender la necesidad de defenderse de los ataques imperialistas contra nuestros países. Es más, que justifican las agresiones. Me enteré de una nota elaborada por alguien y distribuida por otros conocidos que prácticamente justificaba la probable agresión a Cuba.
Decía este individuo que lo de Cuba no era un bloqueo sino un embargo, es decir, una sanción económica LEGAL, así que prácticamente, los problemas económicos que padece ese país se deben al Socialismo que han estado construyendo en medio de innumerables obstáculos, mentiras, calumnias, agresiones... Justificar toda esa catarata de infamias difundidas desde siempre implica convertirse en cómplice de ese atroz imperialismo.
Alí Primera, venezolano, en el afán de impedir una guerra fratricida entre Colombia y Venezuela, conflicto provocado a propósito, cantaba en una melodía enternecedora: “El Orinoco y el Magdalena se abrazarán, entre canciones de selva y tus niños y mis niños le sonreirán a la mar”. Tenemos historia que nos unifica; tenemos arte, cultura, lenguaje, música y muchas riquezas naturales que parecen una maldición pues han provocado en los países poderosos, envidias recalcitrantes que les hacen querer arrebatárnoslas.
El sueño bolivariano sigue vigente. Basta con imaginar, sin mucho esfuerzo, lo que sería de nuestro continente si fuéramos un solo pueblo, sin fronteras, unificado en todas sus delicadezas culturales, geográficas, históricas, con una pluriculturalidad sumamente rica, con una extraordinaria diversidad lingüística, gastronómica, dancística, musical. Podríamos satisfacer cada espacio de nuestro continente en materia de fuentes de energía, de metales, de alimentos porque contamos con una naturaleza pródiga.
Sabemos que no basta con la denuncia, nuestro proceder tiene que reafirmarse en hacer presente nuestra decisión por edificar un Ecosocialismo que nos permita resolver necesidades básicas, fortaleciendo la convicción popular para una transformación cada vez más radical. Cuba, Venezuela, Colombia, Brasil que avanzan con incertidumbre y con riesgos no del todo calculados están, junto con nosotros aquí en México, obligados a no cejar en el empeño. Por su parte, los pueblos hermanos de Ecuador, Perú, Paraguay, Bolivia, Chile y Argentina ahora en manos de la derecha reinician sus luchas recuperando su historia.
Cuenta un Mito, que no es una fantasía infantil sino una narración que otorga sentido, que hace 5 mil años en el antiguo Egipto (El Libro de los Muertos, cap. 125) un dios jugaba al juicio final y preguntaba al juzgado: ¿qué has hecho de bueno en tu vida? Y contestaba: Dí de comer al hambriento, de beber al sediento, dí vestido al desnudo y una barca al necesitado. La barca era necesaria, tenían que navegar sobre el Río Nilo.
Siglos después, el fundador del cristianismo repite esas mismas intenciones del buen ser humano: Dar de comer al hambriento, de beber al sediento, de vestir al desnudo y de dar posada al peregrino. Dos mil años después, Marx y Engels hacen hincapié en las necesidades básicas del individuo y sus satisfactores: Tener comida, bebida, vestido y un lugar donde guarecerse.
Preguntemos: ¿Por qué un pueblo que se organiza con autonomía y soberanamente para resolver sus necesidades elementales y sus problemas prioritarios, va a ser un peligro para la seguridad nacional de otro? La paz que predica el poderoso incluye bloquear, sancionar, aislar, chantajear a quienes no aceptan su dominio. No se busca el diálogo igualitario, sino la sumisión. Llamar “embargo” al bloqueo es un eufemismo. Lo que Estados Unidos impone a Cuba (ahora con pretensión universal) es una guerra económica sistemática y prolongada, diseñada con el objetivo explícito de rendir por hambre, enfermedad y desesperación a todo un pueblo.
El propio memorando del Departamento de Estado, 6 de abril de 1960, firmado por Lester D. Mallory, lo dice sin ambages: “Debe emplearse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba… negarle dinero y suministros para reducir los salarios reales y provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno.”
El odio hacia Cuba no se explica por daño alguno que la isla haya causado. Cuba no ha invadido, bloqueado ni bombardeado a nadie. No ha ocupado países ni derrocado gobiernos. En cambio, ha enviado médicos a más de 40 naciones, ha alfabetizado a millones de personas, ha ofrecido becas gratuitas a jóvenes de África y América Latina, y ha compartido sus logros científicos con pueblos que jamás podrían pagar por ellos. Cuba, a pesar del daño recibido, no ha sembrado odio; ha sembrado humanidad, amor y generosidad. © Secretariado Social Mexicano Lunes 27, octubre 2025.














