Saber no es suficiente; tenemos que aplicarlo. Tener voluntad no es suficiente: tenemos que actuar. Johann Wolfgang von Goethe
Si pensar es nuestro camino a la libertad como personas y sociedades, debemos detenernos un poco a analizar cómo pensamos, cómo piensa nuestra sociedad, cómo se piensa en las aulas universitarias, pero también cómo se piensa en diversos ámbitos de la acción humana.
En general me parece que el pensar del diagnóstico es el más abundante, cuando alguien dialoga o plantea algo, generalmente, no pasa del diagnóstico. Esto está así por esto, por aquello. Fulano dice esto y sultano aquello.
Todo mundo diagnostica, y eso ya es un gran paso, pero diagnosticar es insuficiente, el siguiente paso, es el pensamiento hacia la acción, y ese es el pensar deliberativo.
El pensar deliberativo, toma de la mano al pensar del diagnóstico y se encamina a actuar, actuar para resolver, para solucionar.
El pensar deliberativo no solo llega a la consideración de lo que sucede o por qué sucede, se adentra al qué voy a hacer, qué vamos a hacer y cómo lo vamos a hacer, cuándo lo vamos a hacer, dónde lo vamos a hacer realidad.
El pensar deliberativo es el que cambia al mundo, no la reflexión diagnóstica. Ya lo dijo Carlos Marx, los filósofos ya han interpretado al mundo demasiado, lo que debe hacerse es transformarlo.
Deliberar lleva a la acción y la acción a la transformación, al cambio, a la creación palpable, visible, audible, en fin, a la realidad.
Pasar del subjetivismo a la concreción de las ideas es el camino del pensar deliberante.
Concretar con la acción el poder de la imaginación y la palabra es la verdadera comunión entre el espíritu y la materia, es también pasar del yo al nosotros; es el resultado de la fecundidad de una palabra que trasciende la subjetividad, y preña al cosmos concretándose en hechos.
Aristóteles distinguía entre la Sophia (sabiduría teórica) y la Phronesis. Esta última es la virtud del pensamiento deliberativo por excelencia. No es solo saber qué es el bien, sino saber cómo aplicarlo en la contingencia del aquí y el ahora.
La deliberación es el "puente de plata" entre la idea eterna y el barro de la realidad. Es la inteligencia que se ensucia las manos para dar forma al mundo.
El pensamiento deliberativo es el parto de la historia, donde el sujeto deja de ser espectador para convertirse en autor de su propio tiempo.
El pensar para actuar no debe ser un acto solo de dominio, sino de revelación. La deliberación es la palabra que busca "encarnar", que busca hacerse cuerpo en las instituciones, en los abrazos sociales, en la comprensión que desea y logra sanar heridas, subsanar necesidades, cumplir ideales.














