Nos gusta la fiesta, también la garnacha, pero más me gusta, comer a mis anchas. Podría ser una rima que describa el periodo Guadalupe Reyes. Ese intervalo de tiempo donde la variable conocida como “densidad de celebración” llega a valores que, si bien son predecibles y deseados, también son cada vez menos sostenibles y esperados.
Hacemos juegos malabares con nuestra ínfima habilidad financiera para calcular el monto y el día en que recibiremos el aguinaldo, lo cual nos permitirá endeudarnos dignamente con la oferta presentada por la mercadotecnia para acelerar el imparable movimiento del consumismo.
Al final de este fatídico periodo nos encontramos con la realidad incómoda, la cuál verbalizamos como una lección más para integrar a los nuevos propósitos, pero en realidad despreciamos esa “lección” cual árbitro de futbol llanero al consejo de un aficionado. Y año con año seguimos cometiendo los mismos errores, "otra vez a brindar con extraños y a brindar por los mismos dolores”. Recurrimos a frases de consuelo como “lo bailado quién nos lo quita”, y nos justificamos (o al menos eso creemos) con las condiciones materiales que nos llevaron a romper nuestras promesas y a dejar a medias proyectos que al principio de año parecían muy importantes.
Y después de esas reveladoras reflexiones nos envuelve una tristeza que es indescriptible, pero si es calculable. Resulta que un tipo llamado Cliff Arnall (si, ya sé muy de Reino Unido ese nombre) desarrolló una fórmula para calcular el grado de tristeza que provoca llegar al tercer lunes de enero. ¡Hazme el favron cabor! Obviamente tiene más que ver con un tema de mercadotecnia que con un propósito científico. Ahora bien, podría decir que es absurdo hasta cierto punto, pero no puedo negar que es muy divertido. O sea, ya es muy claro para nosotros que el regreso de la fiesta y del despilfarro produce una especie de resaca física, financiera y hasta moral, no había que ser un director de la NASA para entender que eso nos obliga al cumplimiento de compromisos laborales, mercantiles y en casos extremos hasta jurídicos (si, ya sé, exageré un poco), pero de eso a que tengamos que calcularlos para entender que estoy menos o más fregado que el de al lado, dijeran en mi tierra ¡¿Cómo pa´qué?!
La parte rescatable de este ejercicio no es exactamente el resultado numérico del cálculo entre las variables, sino la forma en que integra elementos que no siempre vemos juntos. Nos preocupamos por los efectos y las estrategias para enfrentarlas, sin pensar demasiado en los detonantes que nos llevaron a esos resultados. La fórmula consta de variables como el clima, el volumen de las deudas adquiridas, el monto a recibir a final de mes, el tiempo transcurrido desde Navidad, el periodo desde el último intento fallido de abandonar un mal hábito, el nivel de motivación (lo que quiera que “motivación” signifique) y la necesidad percibida de actuar para cambiar la vida. Como podrás ver, y sin importar la explicación del cálculo, el resultado me resulta muy complejo de comprender puesto que al final se supone que lo único que me dirá es qué tan triste estoy en ese momento particular.
Es sabido que el 20% de nuestros hábitos generan el 80% de nuestros resultados. Y muchos de nosotros nos enfocamos en el “qué” tenemos que cambiar, nos enfocamos en cambiar el resultado y nos encontramos con respuestas de “cómo” llegar a ese mejor resultado o al menos evitar conseguir el mismo que el año anterior, a veces ese “cómo” describe una actividad, un hábito, y a dos meses de iniciado (en el mejor de los casos) hemos abandonado el esfuerzo por generar un hábito. Esto sucede cuando NO hemos entendido el mecanismo para desarrollar un hábito, es decir necesitamos entender la estructura del “cómo”.
Inicia con un hábito pequeño. Tender tu cama, caminar seis cuadras, lavar tu plato del desayuno, plancha tu ropa una noche antes, cualquier hábito que sea sencillo y que te permita reconocer la estructura para la formación de hábitos. Una vez que entiendes cómo se forma un hábito, te será más sencillo comprender el grado de energía que se requiere, las condiciones que impiden la realización de la actividad que genera el hábito, la mentalidad que debe prevalecer para formar ese hábito.
Pero si por algún motivo te aventuras a calcular el grado de tristeza en el tercer mes de enero (puede variar dependiendo de la distancia con el primero de enero), entonces se diligente al momento de asignar valores a las variables que conforman la fórmula, yo creo que sirve de mucho tenerlas a la vista ya sea para el cálculo o simplemente para la reflexión.
Nosotros consideramos el periodo Guadalupe Reyes, nuestros vecinos del norte consideran del Black Friday al Blue Monday.














