Corría el año de Top Sailers sin calcetines cuando Kumbala sonaba en la radio y la melancolía se reparaba a golpes contra lo incierto. En aquel entonces escuchaba rituales para recibir el año nuevo con prendas íntimas en carmín y otras más en dorado; maletas de viaje listas para zarpar; 12 uvas con deseos profundos llenos de ilusión. Se me hacía una actividad genial, aunque lo veía lejano. Yo pensaba que esos rituales debían ser exclusivos de quienes tenían una familia a cargo, una responsabilidad universitaria o una condición financiera que te permitiera no sólo soñar sino planear. Y así vamos creyendo lo que nos rodea. Nuestros padres no cuentan con tal solvencia como para soñar que estaremos viajando en el verano a un destino turístico con playas y paisaje paradisiaco. Nos limitamos a creer que al menos en vacaciones nuestros padres evitarán llevarnos otra vez con aquella tía que convierte cualquier día de visita en un mini reclutamiento que subordina hasta tu amor propio. Nos tardamos en desprendernos de la idea de estar a disposición de los adultos con sus decisiones sometidas a su escaza observación de las infancias y su ensimismada opinión de lo correcto.
Al crecer y tener una mayor visión de tus alcances puedes ya vislumbrar tu planeación de actividades y deseos con un horizonte más claro y certero. Así que iniciamos a ser devorados por la sociedad y la hiperestimulación mediática que nos prepara para ser consumidores profesionales y elegir las cosas que queremos para nosotros desde la perspectiva de evitar lo malo u obtener lo bueno.
Nuestro mecanismo de toma de decisiones se va configurando conforme lo vamos alimentando de los buenos o malos resultados obtenidos. Si consideramos que tener un número superior a mil seguidores es apropiado, nuestras decisiones se alinearán a esos temas en cada pequeña actividad que sugiera obtener un seguidor adicional. Si consideramos que nuestra privacidad es tan importante como respirar, nuestro patrón de conducta se alineará a ser tan reservado como lo necesitemos.
Para cada desarrollo necesitamos conocimiento, práctica, preparación, constancia en algo que nos guste y que nos dé beneficios a largo plazo. Para poder identificar lo que nos acerca o nos aleja de lograr nuestros objetivos, tal vez podamos usar un método que ha funcionado durante muchos años y que puede seguir siendo de gran utilidad. Registremos durante quince días todas las actividades que realicemos. Igual y no es tan necesario llenarlo de detalles. Sólo describir la actividad y el tiempo que empleamos en ella. Eso nos dará una idea de las actividades que nos permiten avanzar o las que nos detienen para ir hacia adelante. Una vez que las identificamos podremos reconocer nuestros patrones de conducta y evaluar cual de esos patrones se pueden conservar/mejorar, cuales se deben eliminar y cuales debemos integrar. Será en este momento cuando podamos identificar cuáles hábitos son indispensables en nuestra vida.
Pero adoptar un hábito requiere de un proceso adicional, diferente y nada sencillo. Sin embargo, quienes lo entienden de esa manera, entrarán en una dinámica que les permite conocer desde el inicio que no será fácil pero que arrojará beneficios importantes en su desempeño diario. Tal vez comprendamos que la dieta que tanto anunciamos en las redes sociales y que nos dará prez y orgullo ante la sociedad, no puede llevarse a acabo sin la adopción de hábitos financieros que permitan gastar más en una mejor alimentación que en las cervezas del fin de semana. Tal vez podamos comprender que hacer lista de pendientes sólo revela el principio de Pareto pues el 20% de las actividades escritas representa el 80% del tiempo disponible. Tal vez entendamos que no sirve de mucho ir al gimnasio desde las seis de la mañana, si lo básico que es tender tu cama aún no se ha integrado a tu tren de actividades.
No pretendo satanizar los buenos deseos de las personas al iniciar el año. Sólo quiero darte un poco de perspectiva respecto a las actividades que no hemos notado que son mutuamente dependientes. Ahora bien, levantarte temprano, mantenerte hidratado, tender tu cama y comer saludablemente, suena increíble, pero es muy difícil darle seguimiento a todo junto. Necesitamos iniciar con un hábito a la vez, y una vez que se integra a nuestra rutina diaria, entonces validamos que ya no le ponemos la misma atención porque ya está integrado de manera subcortical, inconsciente, automática. Ahora sí. Podemos iniciar con el hábito que sigue. De tal forma que puede tomarte medio año integrar hábitos que tu veías como básicos y los habías puesto para la primera quincena de febrero.
Vamos paso a pasito. Sin la idea de que los deseos de año nuevo son para otros. Sin la meta irrealista de cambiar tu personalidad en un trimestre. Que no sea un inicio igual con resultados sin cambios al final del periodo. Hagámoslo ágil. Un final más productivo. Un inicio diferente.














