El neoliberalismo nos impuso una serie de condiciones de vida que nos agraviaron como sociedad por varias décadas. El sistema neoliberal por si mismo tiende a la explotación deshumanizada de las mayorías en una sociedad. La ganancia exorbitante como política de desarrollo generó, ya de por sí, la mayor desigualdad social de la historia de la humanidad, la mayor concentración de la riqueza en manos de unos pocos y la pauperización general como premisa principal. Nos vendieron narrativas falsas y manipuladas de cómo debiera ser una sociedad armónica y con justicia para todos. Para algunos puede sentirse repetitivo todo esto, pero es importante mantenerlo en la memoria para no repetir la misma historia nunca más, a propósito de los triunfos de la derecha conservadora en algunos países latinoamericanos, recientemente en Chile.
La precarización del empleo, la contención salarial y la informalidad se convirtieron en rasgos estructurales del mercado laboral mexicano. El escaso crecimiento económico, cuando lo hubo, no se tradujo en bienestar generalizado, sino en una profunda fractura social. La lógica neoliberal debilitó sistemáticamente los sistemas públicos de salud, educación y seguridad social. El subfinanciamiento crónico y la introducción de esquemas de mercado disminuyeron la calidad y cobertura de estos servicios, afectando principalmente a las clases populares.
Si a toda esa política económica que representa el neoliberalismo le sumamos las características de la clase política conservadora en México, nos permitirá entender el tamaño del saqueo a que fuimos sometidos, sobre todo en los últimos 40 años. El neoliberalismo nunca operó con ausencia del estado, sino en completa complicidad con redes político-empresariales. La corrupción dejó de ser una deviación para convertirse en un mecanismo de funcionamiento del sistema. Contratos inflados, concesiones amañadas, evasión fiscal, rescates financieros y tráfico de influencias, consolidaron un régimen en el que las decisiones públicas respondían a intereses privados. El estado fue utilizado para socializar pérdidas y repartir ganancias. La exclusión social generada por el modelo neoliberal, combinada con la corrupción institucional, contribuyó a la expansión de economías ilegales y a la normalización de la violencia. La falta de oportunidades, la impunidad y la colusión entre autoridades y el crimen organizado profundizaron la crisis de inseguridad. La violencia no puede entenderse únicamente como un problema criminal, sino como una consecuencia social de un modelo que despojó a millones de personas de expectativas de vida digna.
Mas allá de los indicadores económicos, el sistema neoliberal fue un fracaso contundente. Justificó el egoísmo como virtud, la desigualdad como mérito y la pobreza como responsabilidad individual. Criminalizó a los pobres y en contra parte protegió a los corruptos. Se institucionalizó la impunidad. Este modelo no sólo empobreció al país, degradó la ética pública, destruyó la confianza colectiva y sembró el cinismo como norma política.
En conclusión, los casi 40 años de neoliberalismo significaron la peor corrupción de todos los tiempos en el país, la desigualdad social más aguda y feroz en la historia de México, con instituciones debilitadas y una profunda crisis social. El problema no fue sólo económico, fue político, ético y desencadenó en un terrible problema de inseguridad, se sustituyó el interés público por el beneficio privado y el proyecto nacional se desfundó.
Por ello, la estrategia de la Transformación molesta tanto a la oposición conservadora, están siendo evidenciados como manipuladores y mentirosos. El éxito de este proyecto consiste en generar condiciones de desarrollo económico para todos, en abatir la desigualdad social con políticas públicas resarcitorias y que fortalecen el mercado interno. Ahora la tarea es cuidar que aquellos personajes que impulsaron lo que tanto daño hizo al país, ya no regresen. Cuidar que la Transformación no se convierta en el caballo de troya y que el enemigo se meta hasta la cocina. Ya hay muchos dentro, están identificados, la tarea es ponerles candados para que no logren trascender.














