Recuerdo la primera marcha conmemorativa de la matanza del 2 de octubre que el gobierno de la cuarta transformación intentó enfrentar; por primera vez, se intentó prescindir del cuerpo de granaderos y se creó un “cinturón de paz” conformado por funcionarios públicos “voluntarios” vestidos con una camisa blanca que intentaba rodear la movilización y detener posibles destrozos o actos de vandalismo.
Considero que el objetivo de dicho grupo era hacer sentir a los manifestantes que el gobierno había cambiado de prácticas y lograr con ciudadanos desarmados que grupos de choque no generaran violencia. La idea fue un total fracaso, quizá porque la violencia de las marchas de Peña Nieto aún eran una costumbre, pero tan solo iniciaron los destrozos, granaderos salieron para enfrentarse con estudiantes y los miembros del “cinturón de paz” que se quitaron sus camisas y huyeron del lugar.
Creo que en ese momento, la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, quien conocía la lucha del 2 de octubre, buscó de manera genuina cambiar la narrativa pero no calculó realidades políticas que no le permitieron triunfar.
El personaje de Sheinbaum, así como todo el gobierno, ha tenido un importante cambio natural al manejo del poder. A pesar de que los luchadores de izquierda han sido desplazados por empresarios o ex gobernadores priistas o se han pasado de la crítica de oposición a la defensa de lo indefendible, creo que existe todavía un matiz genuino por hacer las cosas con valores democráticos, de izquierda y ciudadanos.
El más claro ejemplo, son las audiencias que ha llevado la comisión presidencial para la creación de la Reforma Electoral. La administración federal tiene la intención de llevar a cabo una agresiva reforma que va a hacer que el último remanente de independencia se alinee a este gobierno y para descafeinar el golpe mediático que esto pueda tener, ha instruido a sus altos funcionarios a recorrer el país y abrir las puertas de Gobernación, para escuchar a todo aquel ciudadano que quiera hablar.
Casi 30 audiencias han sido hechas, durante un mes y medio, yo estuve participando en ellas, tanto fui puente como fui asistente y puedo decir, que ha sido muy grato entrar al gigante en Bucareli y ver que hoy se escucha a quien quiere participar, como debería ser una construcción democrática y de izquierda. Pero, entre la nula participación de algunos miembros de la comisión, un Pablo Gómez intolerante y que prácticamente se duerme escuchando a los expositores y el espejo de los otros albazos en el gobierno, me doy cuenta que la participación se convierte en una simulación.
Una reforma brutal ya ha sido escrita en los escritorios del poder, la oposición que podría cambiar algo está en los aliados como el PT o el Verde y nuestra participación en estos foros será solo una manera figurativa para justificar el abuso.
Estoy también convencido que Morena no es un destino, sino un proceso, que caerá por permitir los mismos vicios que ya conocemos; sin embargo, resulta decepcionante verlo. Morena, por lo menos con Claudia Sheinbuam, se ha convertido en un movimiento que parece querer, pero no poder. Hoy, con la salida de Gertz Manero, parece que la Presidenta toma el poder político aun sabiendo de las consecuencias que traerá, esperemos por su bien en la historia, que lo logre.














