En algunas ocasiones nos encontramos en situaciones incómodas, riesgosas o estresantes y recurrimos a frases tales como “…y te lo iba a decir…”, “…ya me lo imaginaba…”, “…de haber sabido…”. Todas estas frases llevan una carga de arrepentimiento y auto reclamo. Tener un presentimiento a veces es cuestión de simples corazonadas o de recordar experiencias pasadas en circunstancias similares, pero es necesario tomar acción sobre esos saberes previos para evitar momentos indeseables.
En algunas otras ocasiones podemos tener un pensamiento anticipado sobre el cual no podemos hacer demasiado. Temas como las condiciones climáticas, aumento de precios en insumos necesarios, decisiones políticas inicuas, etc.
Sin embargo, es importante tener una cultura de anticipación que nos permita mejorar nuestro entorno, reconfigurar nuestra conducta, evitar carencias e iniciar a tiempo los preparativos, entre muchas otras cosas.
Es por ello que Stepehn Covey en su libro “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva” (Covey, 1989) lo coloca como el primer hábito: Ser proactivo. Esto implica no solamente la visión de anticipación, sino el tomar acción sobre esa visión. Implica la responsabilidad de actuar y preparar el escenario que sea necesario. Ser proactivo tiene que ver con equilibrar nuestra visión en el horizonte del tiempo y reconocer nuestra capacidad de anticipación (nuestros reflejos).
Para crecer de manera personal, es necesario generar hábitos nuevos, ya que son los hábitos los que rigen la manera en como nos desarrollamos. La anticipación es de vital importancia para reducir la fricción que implica generar un nuevo hábito.
Mirar hacia el futuro implica activar nuestra imaginación. Es por ello que es importante recordar que nuestra mente no distingue entre lo que realmente está ocurriendo y lo que es producto de nuestra imaginación. Y la construcción de esa imagen tiene que ver con los paradigmas, conocimientos y creencias. Resulta entonces de gran relevancia integrar en la visión del futuro, la forma en como llegar a ella, ya que esto nos evita caer en fantasías o anhelos poco asequibles (André Maurois, 1945).
La parte más pesada es cuando, de manera anticipada o evidente, vemos el deterioro. Hay relaciones que se van erosionando, desgastes físicos en acabados y estados de salud que seguramente no regresarán. Ante estas situaciones, la anticipación regularmente tiene que ver con prever el menor de los daños.
No es fácil ver al objeto de tu afecto irse a menos. Especialmente cuando tu recuerdo es de una persona fortalecida, energética, voluntariosa, con cosas por hacer todo el tiempo y mejorando su entorno a cada instante.
Llegará el momento en que esas condiciones sean irreversibles y nuestra anticipación se centre en establecer posturas emocionales, labores de contención y manejo de la frustración.
Para aquellos que están ante una perdida inminente de confort, estatus y oportunidades, les deseo la mejor capacidad analítica ante problemas y recursos. Que sea una capacidad integradora para gestionar lo que se avecina.
Para aquellos que están viendo alejarse su estado de salud, sólo les pido que no se rindan. Que tengan en mente el mejor escenario para resistir y persistir. Que mantengan el espíritu en todo lo alto, aunque las fuerzas sean mermadas. Que generen espacios de diálogo y empatía para quienes los rodean con cuidados y atenciones. Que despierten en sus seres queridos la nobleza de la asistencia y la reciban con agradecimiento. Que disfruten al máximo de los breves instantes de bienestar para sonreír plenamente en medio de la adversidad. Que sean visionarios de sí mismos y logren la claridad al solicitar ayuda, evitando ambigüedades que resulten en desgastes relacionales.
No te rindas. No te achicopales. Tú no. Por favor. Tú no.
La concentración también es conocida como el pensamiento musculado. Observa el escenario, anticipa el proceso y reduce los efectos. Ve el mundo como un juego de squash, mira la bola y piensa en la pared.














