A la Generación Z se le ha dicho de todo.
Que es frágil,
que es impaciente,
que exige demasiado,
que vive ofendida
o que es la más despierta, la más libre y la más consciente.
Como casi siempre, la verdad está en medio.
Este sábado 15 de noviembre está convocada una movilización que empezó como un mensaje juvenil en redes y terminó por convertirse en un fenómeno que nadie puede ignorar. La ciudad amaneció con vallas alrededor de Palacio Nacional, una señal de que el país entiende que la marcha podría ser grande, lo que no siempre se entiende es lo que la provoca.
La pregunta importante no es qué harán el sábado, la pregunta es qué están viviendo hoy.
La Z no es una generación débil, es una generación desgastada antes de tiempo. Crecieron en un país donde estudiar ya no garantiza estabilidad, donde el trabajo formal parece una excepción, donde la vivienda se aleja y donde la violencia dejó de sorprender.
Son jóvenes que miran el futuro y sienten que el futuro les quedó a deber.
Algunos dicen que esta marcha tiene manos políticas detrás, puede ser. En México, casi todo lo relevante tiene manos políticas alrededor pero eso no le quita legitimidad a quienes marchan. Los jóvenes tienen derecho a reclamar, a ser escuchados y a exigir un país que funcione para ellos, eso es democracia y eso es historia.
También hay un patrón histórico que vale la pena recordar.
En 1968 el gobierno minimizó a los jóvenes creyó que eran pocos, dispersos, fáciles de desactivar. No vio venir la fuerza del reclamo no entendió el fondo no escuchó la señal, la respuesta fue equivocada y el costo fue enorme.
Ojalá la historia no vuelva a repetirse.
Muchos en el gobierno federal han intentado descalificar esta marcha con sarcasmos o dudas sobre quién convoca. La desconfianza política es parte del ambiente del país, lo que no debería ser parte del ambiente es minimizar a una generación completa. Los jóvenes siempre han sido el termómetro de lo que viene.
La Z no es la generación frágil. Es la generación que carga con un mundo frágil y aun así decide caminar.
Este sábado caminarán jóvenes que todavía no tienen todas las respuestas. Ninguna generación las tuvo, las marchas no son exámenes ni demostraciones de fuerza, son señales. Señales que un país maduro escucha con calma en lugar de descalificar con prisa.
La pregunta no es si la Generación Z está lista para el país. La pregunta es si el país está listo para escuchar sin miedo y responder con madurez.
#QuéCosa!














