O cuál debería ser el papel que juega el partido en un gobierno ya electo democráticamente e instalado para ejercer. ¿Tiene algún compromiso relevante o solo está para aplaudir cuanto haga y decida la gobernadora en turno? Es más, ¿se siente, como Partido, comprometido en ese ejercicio político o le convendrá mejor hacerse a un lado?
Iniciemos por el final para invitar a la reflexión. La crítica se merece, es más, se exige. Las instituciones deberían promoverla, los Partidos, la Iglesia, la Escuela, la Familia… todas. En algún tiempo el PRD, como partido, hablaba de la Autocrítica que nunca ejerció y que mal recibió. Cuando un militante distinguido la ejercía era violentamente descalificado o ninguneado. “Es que no le tocó nada” decían, y sanseacabó.
Son muchos cuestionamientos al comprobar que los Comités Estatales de MORENA no están cumpliendo su tarea primordial. No se acercan a dialogar con sus bases municipales. No conocen sus militancias, no saben ni qué madre les parió (como me recomienda y dice mi compadre que no gaste en artilugios lingüísticos), es decir…o sea… son comités de adorno que se sienten ya triunfadores en todas las lides electorales, que no políticas. No confundir, por favor.
MORENA está refundando al Pri, es la peor de las críticas frases que ya se dejan escuchar. No hay movimiento, no hay comunicación, no hay diálogo, mucho menos debates sobre temas de gobierno de carácter político por supuesto. Temas que pueden ayudar a la ciudadanía -militante o no- a comprender el ejercicio de la Política como tal. Su relación con los Gobiernos estatales es, por lo menos, falta de autenticidad. Son Gobiernos instalados con agentes ciudadanos provenientes de otros partidos, menos de MORENA, el Pri y el Pan.
Los gobiernos de MORENA han repetido vicios del pasado. La corrupción no se ha erradicado, su rechazo solo aparece en el discurso. Mandos medios y bases de gobiernos repiten, incluso con descaro, sus hábitos abusivos. Se ha supuesto, mal, que sólo con cambiar direcciones y secretarías en sus jefaturas, era suficiente.
Y es que se nos ha olvidado que la convicción política es la vocación de todo individuo consciente que quiere ser partícipe del cambio y, en ese sentido, se compromete. Actuar por convicción implica cumplir con el deber al que nos sentimos obligados sin necesidad de vigilancia, estímulo alguno, recompensa o sanción.
Gobernadores, diputados federales y estatales, presidentes municipales que han sido electos gracias a su filiación morenista, una vez instalados, se han sentido merecedores de atenciones y reverencias otorgándose un papel sumamente relevante perdiendo, a propósito, el objetivo de un representante de izquierda.
Un militante de Izquierda es un individuo ejemplar, generoso, entregado a las causas populares, defensor de los pobres, nunca en búsqueda de espacios de poder o enriquecimiento. Y muchos de ellos -y ellas- por no decir que todos, recién cumplen un año de este su ejercicio y ya planean con ambición descarada su siguiente puesto.
La diputada Judith Vanegas Tapia, de MORENA, entra en conflicto con la Coordinadora Nacional de los Pueblos Indígenas y ataca al abogado de esa Coordinadora. Con sus declaraciones manifiesta su total ignorancia del territorio que dice conocer. Nunca ha querido escuchar a los pueblos. No lo hizo como alcaldesa de Milpa Alta, cuando cerró las puertas al diálogo, ni ahora como diputada, “cuando habla sobre nosotros sin mirarnos a los ojos. Su palabra no representa la voz de los pueblos ni el sentir de nuestras comunidades”.
El Gobernador de Puebla pelea, al igual que la presidenta municipal, quitarle a la comunidad de Xoxtla su agua y llevarla a la capital. El de Oaxaca tiene también serios conflictos con diferentes pueblos, conflictos que no ha querido atender. Cuando su designación como candidato hubo grupos serios que se opusieron señalando más que su pasado priísta sus viejos vicios y hábitos fuera de lugar.
Aquí, en Morelos, tenemos alcaldes que no responden a los objetivos de la 4ª Transformación, solo disfrutan su ración de poder. no se diga de ciudadanos que ocupan un puesto en el gobierno estatal. La desaparición de Salgado Brito causó la pérdida de un valioso interlocutor, puedo decir, sin ambages, que alguna vez confesó públicamente que no debería existir el puesto que ocupa Javier García dado que la Secretaría de Gobierno era y es la instancia responsable. Herencia de Graco que priístas y panistas agradecen comedidamente.














