Para finalizar este mes, la política internacional de alto nivel nos regaló uno de los más importantes encuentros que tendremos durante los próximos años, en donde dos de los más importantes arquitectos del mundo moderno, se sentaron para discutir qué rumbo tendrá el gran pedazo de poder que tienen en sus manos.
Durante noventa minutos, en una base ubicada en Corea del Sur Xi Jinping -Presidente de China- y Donald Trump -Presidente de Estados Unidos- se reunieron después de años en los que Donald Trump ha culpado a China por el COVID, el declive de su economía y en general de ser un obstáculo para que “América sea grande otra vez”.
A pesar de que esta reunión no fue tan mediática como la que ocurrió en Alaska con el Presidente de Rusia -porque China y América no se encuentran en un conflicto armamentístico directo u obvio- fue quizá igual de importante. Porque si Rusia es la competencia militar, China es la competencia económica que en ocasiones ha logrado tener el primer lugar.
Estados Unidos, al que no le gusta la competencia, ha escalado la tensión con el gigante asiático, con cosas como la restricción de TikTok y hasta agresivos aranceles que carecen de fundamento económico pero tienen un objetivo político.
Considero, que la amenaza para América es tan evidente que similar a la fiebre comunista. Estados Unidos ha reunido a sus países vecinos para advertir que cualquier alianza será castigada.
Durante esta aburrida, pero importante reunión que públicamente tuvo sonrisas y saludos cálidos, se acordó que China reduciría venta de soya a Estados Unidos -lo que podría ser benéfico para los granjeros norteamericanos que son una importante base electoral de Trump- también, la venta de tierras raras -utilizadas para la creación de tecnologías como teléfonos- y a cambio de eso, Trump, reduciría los aranceles impuestos sobre China e implementará otras medidas para facilitar el comercio entre ambas naciones.
Creo, que después de que Trump llegó a la presidencia, disparando aranceles de manera imprudente, esta reunión es la muestra de que China tiene con qué responder ante amenazas y ocurrencias disfrazadas de estrategia.
La amabilidad de Trump ante el líder de su competencia más importante, no significa comodidad, significa el reconocimiento de un foco rojo que generará tensiones.
Trump salió de la reunión optimista para los medios, mencionando que si fuera a calificarse en una escala del 1 al 10, le otorgaría un 12. Dijo también que: Xi Jingping es un gran líder y lo elogió en diversas ocasiones.
Sus declaraciones me hacen sentir que el encuentro fue un éxito, pero a la pregunta ¿esto significa el final de las tensiones entre dos naciones que están destinadas en su desarrollo a la fricción?
Por supuesto que no, las sonrisas son para las cámaras. Cuando los medios se van dos naciones que buscan coronarse como la más poderosa del mundo siguen con una enemistad de alto nivel; sin embargo, era importante para Trump salir con una victoria que pudiera vender en casa y Xi le dejó vivir su victoria mediática, cuando él, regresó con una tangible.














