La realidad, la verdad y la mente. Son elementos que cuando los tenemos en consideración nos hacemos más conscientes de nuestro entorno. La realidad es fáctica. Son hechos. Se construye de elementos que son visibles para quienes ocupamos el mismo espacio geográfico y somos capaces de establecer un punto de referencia que es evidente y comprobable para todos.
La verdad es la narrativa que se edifica con las condiciones materiales, creencias, paradigmas, experiencias pasadas y la óptica de cada uno de nosotros. Podemos estar observando la misma realidad, pero interpretar una verdad única y específica para cada individuo. Las emociones del momento, la intensidad de la experiencia, la claridad de lo expresado, los canales a través de los cuales hacemos nuestros juicios de valor, son elementos que influyen en la construcción de la verdad.
Por otro lado, la mente juega un papel determinante para recordar tanto la realdad, como la reinterpretación de la verdad. Es probable que después de un tiempo, empecemos a ver las cosas de una manera diferente y asumamos que la verdad fue otra, aunque la realidad no haya cambiado. Es probable que nuestro modelo de toma de decisiones se ajuste con nuevas experiencias y la comparación de experiencias pasadas.
Esta semana tuve la dicha de recibir a mi hijo que desde hace dos años no veía. Es un hecho que pasaron más de 24 meses para abrazarlo, pero la verdad es que sentí que había pasado una vida desde que viajó a perseguir sus sueños. Es una realidad que los años siguen su curso y que cada día ha tenido las mismas 24 horas para todos, pero la verdad es que yo sentí que el tiempo se detuvo con ese abrazo al verlo frente a mí.
Ni siquiera me quiero preguntar que hice bien o qué hice medianamente mal. Pero sentí (o interpreté) como la vida me recompensó por algo y no le pregunte “¿Qué hice?” más bien le grité “GRACIAS”. Gracias porque regresó el amor que un día estuvo a distancia. Ese amor que no tenía claro dónde estaba, sólo sabía que era amor intacto y permanente. Gracias porque el amor que en algún momento se dividió en mis hijos, hoy se multiplicó con su presencia y fue exponencial al unirlos de nuevo. Juntos hicieron magia. Esta emoción sólo necesita el deleite, el disfrute, el gozo. No necesita explicación alguna. La presencia de algo gigante inundó mi ser. Me llenó el corazón. Modificó mi flujo energético. El amor va hacia el origen.
Hoy que él ha regresado a disfrutar de los sueños alcanzados y a construir una visión de lo que anhela perseguir, reflexioné sobre lo mucho que se me ha dado y lo poco que he agradecido. Me quedé pensando en cuantas personas están alejadas de sus hijos. Aún y cuando sus hijos estén bien, habrá ocasiones en que su ausencia se sienta más que otros días. Otros más que estarna al pendiente de recibir mejores noticias del estado de salud de sus hijos alejados. Y otros tantos que deseamos saber siquiera donde se encuentran nuestros hijos y familias.
Hoy quiero desearles dicha y tranquilidad a las diferentes familias que tienen a alguien ausente, especialmente si esa persona ausente está con problemas, teniendo que luchar con sus propios recursos; teniendo que lidiar con problemáticas que resultan amenazantes y difíciles de transitar. Quiero desearles salud a quienes están atravesando por situaciones que superan sus fuerzas, pero no disminuyen sus esfuerzos. A quienes la familia les ha dado la espalda y se sienten arrinconados, sin soporte, sin apoyo, a ellos les deseo claridad en las ideas para observar a quienes “sí” les están tendiendo la mano y aún no son visibles en su horizonte. A aquellos matrimonios que han sido testigos de cómo el entusiasmo se ha ido disminuyendo y pareciera revelar una tendencia al fracaso. Les deseo inspiración, recuperación del aliento y reavivar el deseo del bien por el ser amado. A quienes tuvieron elementos que en aquel entonces justificaban el guardar rencores, les deseo renovación interior, para entender que perdonar no significa olvidar, no significa ignorar el pasado, no significa minimizar los hechos. Perdonar significa dejar de asociar el dolor con el recuerdo, significa que lo recordaré con el detalle que sea conveniente para que no duela cada vez que nos veamos en la necesidad de traer ese hecho al tiempo presente.
Nuestra mente debe ser retada, cultivada, entrenada y debemos consentirla también con algo de recreación. Ver a mis hijos juntos fue un regalo invaluable.
Les deseo lo mejor de lo mejor en sus relaciones familiares. En un tiempo tal vez muy corto nos preguntaremos ¿A dónde va nuestro amor?














