Algo raro está pasando en el gobierno de México, parece que la gobernabilidad se está convirtiendo en un problema que irá agrietando los años restantes del sexenio.
Cuando Peña Nieto era Presidente, el político -del régimen- vivía envuelto en un estigma negativo, alimentado porque todos los días salían escándalos contra diputados, senadores, gobernadores y por supuesto el Presidente, todos los días el máximo mandatario era criticado, demolido en la opinión pública y su popularidad bajaba.
Pasado el tiempo, las noticias sensacionales nos hicieron dejar de tener tan presente los aspectos negativos de su gobierno y parcialmente acabado el enojo, era posible entender de una manera más crítica el gran proyecto de país que tenía el gobierno de Peña Nieto; lamentablemente, demeritado por la corrupción que se permitió de manera tan obscena.
En cambio, López Obrador fue un Presidente con una visión de país borrosa, sin un rumbo claro y con plumazos que no transformaron, si no destruyeron. Sin embargo, la figura era tan poderosa, carismática y hábil, que cada día, pasara lo que pasara se fortalecía y como si de un boxeador maestro se tratara, él sabía esquivar golpes hábilmente y regresarlos en forma de la agenda que él marcaba.
Graves errores se cometieron durante el gobierno de López Obrador, que hoy somos capaces de ver gracias a ese tiempo y reflexión que en su momento nos hizo apreciar otros gobiernos. Sin embargo, es innegable el control político, que se mostraba con una agenda ordenada desde La Mañanera y con escasas opiniones que la narrativa, fue perdida.
Actualmente, el gobierno encabezado por la Presidenta Claudia Sheinbaum, -que empezó mostrando ideas técnicas-, se ha enfrentado a una agenda que no le pertenece.
Durante las últimas semanas, un imprudente Gerardo Fernández Noroña, un acorralado y soberbio Adán Augusto López, un inconsciente Andrés Manuel López Beltrán y la actitud poco hábil de la mandataria ante los desastres naturales, han hecho que la agenda se convierta en una serie de críticas que no logra controlar.
La Mañanera, pasó de ser un espacio donde se ejercía al poder, a un lugar donde se arrincona a la Presidenta hasta el punto donde se niega desesperada a contestar las preguntas.
No pretendo decir con esto que su carrera esté acabada o su gobierno se vea terriblemente debilitado, porque hoy sigue siendo una fuerza mayoritaria en todos los órdenes que siguen teniendo poder.
Solamente llama a la atención que: sin mejorar el ejercicio de Gobierno, la gobernabilidad (política), cada vez se vuelve un problema, el cual, parece no tener control.
Esta percepción, sin duda, puede llevar a una fractura dentro del movimiento, que si bien puede no ser aprovechada por una oposición que parece no responder, sí es una limitante para que se conteste a las necesidades del pueblo.














