Vaya que el cinismo político es una constante en algunos personajes de la clase política nacional, el comentario tiene su origen en las últimas declaraciones de, nada más y nada menos, que Alito Moreno, Senador de la República y presidente del PRI nacional. Este personaje, que salió muy cuestionado de su cargo como gobernador de Campeche por indicios de corrupción y enriquecimiento ilícito, hoy acusa al gobierno de la transformación de estar coludido con el crimen organizado, algo verdaderamente desproporcionado.
Quien representa lo más corrupto y sucio de la política nacional, hoy sale a declarar una serie de barbaridades y ocurrencias sin sustento, pero sí con un ánimo destructivo que lo deja ver tal como es, sin máscaras. Un personaje pendenciero, como también ya lo demostró, que le gusta pelear armando zacapelas porque es muy macho y puede arreglar las cosas a golpes o a mentadas de madre. Este personaje es quien lanza una serie de acusaciones al ex Presidente del país, protegido por el fuero que le ofrece el ser Senador de la República.
La oposición a la transformación, es decir, los conservadores que vieron afectados sus intereses económicos y sus ambiciones políticas brillan por su poca creatividad al intentar denostar a quienes hoy gobiernan, con mentiras absurdas e inventos fraguados en su mente escasa y sin mucha capacidad para descarrilar los aciertos de la transformación. Hoy la oposición es estridente, grita, golpetea, se emberrincha, pero el contenido de su argumentación es escaso. Sus propuestas son enanas y demuestra que su capacidad intelectual es mínima, por lo que no atinan a proponer temas que le interesen al grueso de la población.
Sus exabruptos son debido a esa carencia de creatividad para analizar lo que ocurre en el país y que eso les permita entender que todo está cambiando y que, en general, ya no tienen manera de generar confianza al electorado porque los conocen bien y saben que su interés es regresar para continuar saqueando lo que no lograron robar en casi 40 años de neoliberalismo.
Las acciones de la transformación son contundentes en términos de bienestar general, el cambio es evidente y se siente. Aun cuando hay pendientes importantes como lo es el problema de la seguridad ciudadana que está relacionada con el crimen organizado, en diversas materias se avanzado bastante. A un año de la toma de protesta de la Presidenta de la República, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, los avances son importantes y latentes y todavía faltan más. Eso es lo que provoca la reacción furiosa de la oposición, el saber y darse cuenta que el nuevo proyecto avanza en beneficio de las mayorías, generando estabilidad económica, social y política; a la oposición le preocupa, al grado que no atina a definir una estrategia que le permita que el ciudadano retome la confianza en los políticos que gobernaron antes.
Hoy las cosas han cambiado, de tal manera que no logran permear en el sentir de la gente y la confianza mayoritariamente se deposita en el nuevo proyecto que ya lleva 7 años avanzando. Sin duda, esta situación los incomoda mucho y los desespera, al grado que intentan aprovechar cualquier resquicio que ellos consideren apropiado para generar sospechas de que todos son iguales a ellos, de que también los impulsores de la transformación son cortados con la misma tijera. Su intención es clara, no hay alternativa porque todo está sucio y corrompido, a ese nivel ha llegado su desgastada creatividad. Alito es el mejor ejemplo de ello, el representante por excelente de los más corrupto y sucio en el país es él, por ello su desesperación de inventar sandeces e intentar desprestigiar a quienes han logrado rebasar la línea de lo que parecía imposible, o cuando menos eso nos decían. Hoy queda demostrado que el bienestar alcanza para todos, sólo basta administrar de manera transparente y comprometida con el pueblo.














