Mientras que la censura es evitar que tus ideas u opiniones sean escuchadas en un espacio geográfico, digital o particular, la mordaza pretende silenciarte definitivamente a través de clausurar tus cuentas en redes sociales, privarte de tu libertad o incluso amenazar tus intereses más personales para coaccionarte a dejar de opinar o cambiar tu discurso.
Este es un mundo en constante evolución. Nada de lo que hoy tenemos será eterno. Hay formas de vida que siguen adaptándose a entornos cambiantes. Hay ecosistemas que adaptan sus formas de obtener, conservar o asimilar nutrientes. Las propias empresas multinacionales que llegaron a ser gigantes corporativos tomarán una decisión apropiada para sus principios y equivocada para las nuevas condiciones del mercado. Nuestras formas de convivencia que fueron pertinentes para los paradigmas de otras generaciones, hoy parecen completamente fuera de lugar. Guardar silencio cuando los adultos hablaban no era solamente imponer una jerarquía por autoritarismo, sino que tenía que ver con el conocimiento del tema, con el manejo de vocabulario y con la pertinencia en el uso de la voz. Pero cuando le damos un enfoque maquillado de pseudo justicia, apelamos a defender los derechos de las juventudes para que utilicen su voz (conozcan o no del tema), pues es su derecho y es violencia psicológica silenciarlos.
Generar riqueza es una virtud. Tiene mi aprecio y mi respeto, aquel emprendedor que vendía jugos desplazándose en bicicleta y que, por esa necesidad de conservar su medio de transporte, aprendió mecánica a un nivel que hoy le permitió abrir un taller de bicicletas y que tiene el proyecto de distribuir ropa deportiva para sus usuarios. Una persona con esas características genera riqueza y aprende del proceso para ir escalando niveles. Inspira.
Acumular riqueza es la otra cara de la moneda. La tiranía financiera utiliza las influencias para hacer crecer su propio dominio en otros sectores o esferas. Pretende acrecentar su ingreso ya sea por el volumen de ventas al asociarse con personas con acceso a recursos ajenos, por la simulación de trabajo realizado o por el margen de utilidad de sus productos y/o servicios. Una persona con esas prácticas deja a su paso una estela de corrupción y de miseria.
A cada uno de nosotros nos mueve el interés personal. En ocasiones nos detenemos a pensar en las personas beneficiadas o afectadas y tenemos la oportunidad de corregir (si aplicara) o de continuar a pesar de conocer los posibles resultados adversos. En este orden de ideas, nosotros podemos promover las ideas de los emprendedores que generan riqueza o de los tiranos que acumulan riqueza. Según sea nuestra conveniencia apoyaremos a unos o a otros y habrá personas que estén en desacuerdo con nosotros o que se sientan incómodas con nuestra narrativa. Habrá quienes busquen silenciar nuestras voces en los sectores que afecten sus actividades empresariales, que censuren nuestra opinión. Habrá algunos más radicales que vean amenazados sus ingresos y querrán aplicar una mordaza para evitar que nuestra voz trascienda y se filtre en oídos que afecten sus intereses.
Nuestra opinión como un “diálogo de adultos” debería contar con oídos críticos, que reten las ideas de los hablantes. Debería tener argumentos que sirvan de contrapeso y desafíen las ideas. Debería contar con un filtro que nos permita seguir escuchando en forma activa y hasta selectiva o simplemente nos permita dejar de escuchar. No necesitamos responder a cada opinión que se expresa.
Hoy expreso mi asombro y mi indignación por los hechos que terminaron con la vida del activista Charly Kirk. Una persona que se preparaba cada día para expresar opiniones que la gran mayoría de las veces (por no decir siempre) estaban sustentadas en investigaciones propias o de autores reconocidos. Dar soporte a tus opiniones no significa que tengas razón, sólo es una explicación justa de porque piensas lo que piensas, y esa honestidad en el discurso siempre se agradece. Muchos podrían estar en desacuerdo con sus opiniones que aprobaban la administración actual de los EEUU, y bien pudimos ignorarlo, refutarlo, desafiarlo con argumentos o simplemente dejar que hablarán los adultos. Lo censuraron en diferentes espacios, lo vetaron de algunos otros, en varios más era aceptado como un orador respetable. Su forma de generar ingresos pudiera o no ser cuestionable. No digo que yo esté de acuerdo con todo lo que decía, sólo digo que el tener opiniones diferentes no debería ser motivo para agredirlo de ese modo.
Ajustemos nuestra forma de pensamiento desde casa. Permítele a tu hijo que exprese su opinión respecto a los temas que sean exclusivos de su injerencia y ponle límites cuando se traten temas que demanden mayor conocimiento. No se trata sólo de saber, también se trata de como los hacemos sentir cuando su conocimiento no da para mantener un diálogo. Utilicemos lo que a nuestro alcance esté disponible para distinguir entre queja, opinión, censura o mordaza.














