La Independencia no es sólo motivo de festejo, de algarabía, es motivo de reflexión. Es delicado el escenario local, nacional e internacional. Las agresiones de la reaccionaria ultraderecha no cesan en todos lados, Europa la está viendo crecer no sin cierta complicidad. Su racismo histórico, su clasismo ególatra y su vanidad siempre patente se hacen presentes. Inglaterra, Alemania, la misma Francia, Hungría, no se diga España e Italia atacan a los migrantes con absoluto desprecio.
Europa se asume como la Civilización, la cuna de la Cultura. Pero… todos esos países han saqueado al mundo entero. África sufrió lo indecible con el robo a sus recursos minerales y a sus habitantes esclavizados durante siglos. La India fue objeto de saqueo, robo, miseria. Nuestra América puede escribir largos volúmenes que narren su histórica invasión, colonización, masacres. Los europeos nunca han acabado con sus belicosos encuentros entre ellos mismos. La dos Guerras mundiales son profundas heridas de muestra.
Irak, Afganistán, Irán, Siria… no dejan de padecer guerras intestinas forjadas por intereses externos. Yugoeslavia y Checoeslovaquia desaparecieron, fueron fragmentadas por razones perfectamente explicables.
La flemática Inglaterra, la fanática España veneradora de su dictador Franco, Portugal que se quedó con Brasil, Bélgica y “su Congo”… son los invasores que causaron mucho perjuicio a nuestros países. Ahora, esa vanidosa y dañina Europa clasista y racista, ha quedado reducida a limpiarle los zapatos y el hocico a Donald Trump.
Por nuestra parte, nosotros tenemos que enfrentar al imperialismo yanqui y fortalecer la necesarísima unidad continental latinoamericana a fin de asentar este movimiento de libertad y de transformación. No queremos sólo cambios cosméticos que no vayan a la raíz.
El antiimperialismo es también toma de posición en esta lucha. Revisemos. ECUADOR enfrenta una lucha desigual con el individuo que lo gobierna entregado a los intereses imperiales, irrespetuoso de las soberanías latinas y pelele del yanqui opresor. Está a punto de permitir la minería canadiense en Kimsakocha, provincia de Azuay, sitio de recarga hídrica que guarda millones de onzas de oro y libras de cobre, riqueza hídrica cuidada con esmero por los habitantes de ese lugar. Un Vendepatrias más que se suma a esa banda de traidores.
EL SALVADOR que tiene un carcelero torturador como presidente, contento por recibir deportados de países hermanos, obediente y sumiso a su amo Donald.
ARGENTINA que recién inicia su organización para echar de la presidencia a Milei, nefasto simpatizante de genocidas y dictadores: Netanyahu y Trump.
BOLIVIA que sufre un retroceso a causa de las divisiones en su Movimiento al Socialismo (MAS). Su pueblo se verá obligado a recuperar el camino.
PERÚ con una presidenta ilegal e ilegítima instalada mediante un golpe de Estado.
CUBA y VENEZUELA padeciendo las agresiones imperialistas irracionales, absurdas, ilegales. Las mentiras, falacias y calumnias diseminadas por los Medios les dan resultados… desafortunadamente.
Considerar la llamada Guerra Fría como la tercera Guerra Mundial no resulta tan difícil. Y esta IV guerra actual tiene como blancos principales los territorios, los Mercados y los Estados nacionales, las culturas, las formas de vida y, finalmente, la humanidad misma. Es una nueva guerra de conquista.
Se despojan y se destruyen los territorios, se despueblan para luego reconstruirlos y reordenarlos de acuerdo con los intereses de los más poderosos. El pueblo palestino y su franja de Gaza son las víctimas de hoy.
El blanco de esta guerra es la Humanidad en su conjunto. Y por humanidad no nos referimos solamente a los seres humanos sino a aquello que nos hace humanos. El capitalismo con su Ley del Mercado privilegia el tanto tienes, tanto vales, como mercancía. La dignidad y la solidaridad, estorban. El Capitalismo es un crimen. La centralidad del dinero, el culto del éxito son lo esencial. El Mercado se apropia de toda la actividad social y penetra todos los aspectos de la vida.
Frente a este enemigo que puede aniquilar a la Humanidad entera y que ya está destruyendo todas las formas de vida que no se adecúan a su lógica mercantil ¿qué tenemos qué hacer? Sólo queda una opción: defenderse para impedir tal destrucción lo que finalmente implica la destrucción del Capitalismo mismo.
En pocas palabras, el análisis del capitalismo como IV guerra mundial conlleva la siguiente alternativa: destrucción de la Humanidad o destrucción del Capitalismo y esto obliga a tratar de organizarse en la escala pertinente, es decir, planetaria. La rebeldía de la Humanidad puede salvar la posibilidad de una vida digna en la Tierra… para todos.














