Ayer se conmemoró el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, instaurado por la OMS y la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio en 2003. No es un día de calendario, es un recordatorio de lo que preferimos no mirar.
Cada 40 segundos alguien en el mundo decide terminar con su vida, mas de 700 mil muertes al año. En México, el INEGI reportó más de 8,000 en 2022 con un crecimiento sostenido en adolescentes y jóvenes adultos, entre los 15 y 29 años, el suicidio ya está entre las tres principales causas de muerte.
El tema incomoda, en muchas casas no se habla y lo que no se nombra, no se previene. Prevenir no es tarea exclusiva de médicos, también lo es del amigo que escucha, del maestro que advierte señales, de la familia que acompaña.
La Iglesia durante siglos lo condenó como pecado mortal. Hoy el Catecismo reconoce que el sufrimiento puede disminuir la responsabilidad personal. El papa Francisco lo ha descrito como “un drama humano” que merece acompañamiento y compasión. Roma, en cambio, lo veía de otra forma para los estoicos podía ser un acto de libertad cuando la dignidad estaba perdida. Catón el Joven eligió morir antes que rendirse a César; Séneca aceptó el suicidio como coherencia filosófica. Incluso Napoleón lo juzgaba distinto, cobardía si era escape, honor si era gesto militar.
La historia muestra que no hay una sola mirada sobre el suicidio, pero lo que sí es claro hoy es que en México sigue sin ser prioridad. El presupuesto para salud mental es mínimo, casi simbólico. Al gobierno le gusta repetir que la salud es un derecho, pero cuando se trata de psicólogos, programas de prevención y cultura de apoyo, todo queda en discurso y cada vez que se regatea ese gasto, alguien más paga la cuenta con su vida.
El 8 de septiembre de 2025 lo confirmó de nuevo el capitán de navío Abraham Jeremías Pérez Ramírez quien fue hallado sin vida en su oficina en la Unidad de Protección Portuaria de Altamira, Tamaulipas, ni el uniforme ni el rango blindan contra la desesperanza.
El suicidio no es moda ni estadística, es una herida social que nos señala a todos, hablarlo incomoda, callarlo mata.
Cada 40 segundos alguien paga con su vida, pero para muchos gobiernos sigue siendo un problema “menor”.
#QuéCosa!














