“Los que hacen imposible la revolución pacífica harán inevitable la revolución violenta.”
— John F. Kennedy, discurso en 1962.
Intentos para paliar la inseguridad en México desde hace más de cincuenta años los ha habido al por mayor, se han creado sistemas, se han modificado leyes y hasta la constitución general de la república, pero hasta el día de hoy no se perciben cambios que convenzan del todo a una población acosada por el malestar de la falta de seguridad pública, con una rara excepción que vino desde una sociedad civil al limite y cansada de la ineficacia, desconocimiento o corrupción de gobiernos que no resolvían algo.
Esa excepción es el caso de las autodefensas en Michoacán, en algún momento comandadas por el Médico José Manuel Mireles Valverde, la población se levantó en armas contra los cárteles delictivos, y ante el asombro nacional, lograron lo que legiones de policías y militares no habían podido conseguir en tantos, tantos años, una radical disminución de los índices delictivos, la erradicación en múltiples municipios michoacanos de los delitos y una paz que hacía mucho que no se conocía.
El pueblo resguardado por sí mismo, se protegió de los males que le seguían aquejando a la nación entera. Sin embargo, a pesar de sus excelentes resultados, un gobierno federal, incomprensible, o incalificable, o receloso, se apuró para acercarse a las autodefensas, al principio amistosamente, para conocerlos en todo, los lugares a donde estaban, cómo funcionaban y luego aprehenderles, acusarles de lo más absurdo, la portación de armas de uso exclusivo del ejército, no de otra cosa, porque no podían probarles nada ilícito.
Así, desarticularon el movimiento de las autodefensas michoacanos, y permitieron el retorno de las bandas delictivas que hasta la fecha no dejan en paz a los ciudadanos michoacanos, como al resto de la población del país.
Y cuándo se les debió reconocer como héroes, inventaron mil excusas para su denuesto, para decir que eran malas personas, y que, qué mejor que los detuvieron. Pero la verdad prevalece en un silencio escandaloso, lo que ellos lograron con solo ochenta personas o muchos menos, no lo ha logrado aún decenas de miles de elementos.














