Cuando empezó el día, me sentía nervioso, durante el transcurso del día la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo presenta su Primer Informe en Palacio Nacional, en el Senado el nuevo Poder Judicial tomaría protesta, en la Cámara de Diputados iniciará entre gritos el nuevo periodo ordinario de sesiones y en la Suprema Corte nuevos ministros concretarán el temido por algunos, esperado por otros, objetivo de la reforma al Poder Judicial Federal.
Es decir, al irme a dormir ese lunes, el país en el que había despertado, sería políticamente muy diferente; yo me sentía nervioso porque a pesar del amplio trabajo en temas de política juvenil que hago, no tenía la posibilidad de entrar a ninguno de estos eventos y pensaba que mientras un huracán pasaba por las instituciones que a diario estudio, yo me tendría que limitar a ver desde una computadora.
Siendo la ansiedad mi mejor vitamina, empecé a mandar mensajes hasta que alguno aterrizó “¡Claro amigo!”, me contestaron desde una oficina en la Cámara de Diputados mientras me dieron la indicación de llegar a la puerta antes de las 3 de la tarde.
A pesar de que he perdido la cuenta de cuántas ocasiones he entrado a la Cámara de Diputados, no puedo evitar sentirme emocionado y algo nervioso cuando empiezo a ver las camionetas, los escoltas y el cruce de seguridad.
Mientras mi teléfono bailaba por las notificaciones de noticieros que advertían que la política mexicana estaba viva, di mis primeros pasos en San Lázaro para darme cuenta que no sería un día normal. Los camarógrafos, los asesores y los diputados caminando velozmente mostraban que el legislativo no vivía un día normal, si no un esperado y tenso regreso.
Pasado un tiempo, empezó a sonar la alarma, las y los legisladores empezaron a entrar en grandes grupos a sus curules y una comitiva dirigida por un poderoso Ricardo Monreal, quien camina con la espalda erguida y la atención de todos, se concentraron en la puerta principal para recibir a la Secretaria de Gobernación.
La secretaria Rosa Icela fue recibida por una comitiva de poco organizados legisladores, que la abrazaban y jalaban para donde ellos querían, y ella caminando como podía, llegó al pleno después de un rato; al ver la caótica escena de una de las más altas funcionarias siendo llevada con jaloneos entre otros poderosos políticos que representan a distintos grupos e interés, me hizo darme cuenta de cómo podría llevar su oficina y me hizo extrañar a personajes como Osorio Chong.
La entrega del informe fue rápida y durante su salida la Secretaría camino rápidamente entre personajes como Adán Augusto y otros polémicos legisladores. Después, los diferentes partidos hicieron su posicionamiento inicial, llamó la atención la provocadora intervención de Alito Moreno que fue seguida con la toma de la tribuna con megáfonos y pancartas por su partido.
Después del momento más tenso de la sesión, salí de la cámara y regresé a mi casa, para observar solamente como el día aún no acababa, pues el Senado tomó protesta a los nuevos juzgadores y la Presidenta llegaba a la Suprema Corte para dar el último golpe a lo que alguna vez fue la Suprema Corte.
Una hora antes de llegar a mi casa me sentía emocionado, pero al llegar no pude hacer nada más que sentirme preocupado por todo aquello que viene y que aún no conocemos, por las consecuencias que aún no hemos responsablemente analizado, por la política de gritos y no de ideas y por el nuevo país para el que no estamos listos.
Lo cierto, es que ocurrió y hoy, si el oficialismo grita que el pueblo tiene poder, nuestra labor es participar hasta que se haga realidad.














