Los reportes generados al 911 durante los últimos fines de semana vuelven a mostrar la cara más dura de nuestra realidad, homicidios, violencia contra las mujeres y violencia familiar concentran la mayoría de los incidentes.
Detrás de estas cifras hay un patrón que se repite desde hace años en Morelos, el consumo excesivo de alcohol y el avance del cristal como droga accesible y peligrosa. No es un hallazgo menor, la Secretaría de Salud estima que en México el 35% de los homicidios dolosos están vinculados al consumo de alcohol y la Encuesta Nacional de Victimización (ENVIPE 2023) confirma que 4 de cada 10 agresores en casos de violencia familiar estaban bajo sus efectos.
La gobernadora expuso recientemente en Jiutepec, durante una jornada de desarme voluntario, que las mesas de paz que se realizan cada mañana, así como las mesas itinerantes con alcaldes los lunes, buscan atender no solo los efectos, sino también las causas. El enfoque es claro, campañas de concientización, trabajo con la Secretaría de Educación, acuerdos con municipios para regular la venta de alcohol y sobre todo, evitar que en carnavales, jaripeos y fiestas patronales el consumo desmedido se convierta en caldo de cultivo para más violencia.
El fenómeno sin embargo no es exclusivo de Morelos. En países como Chile, los estudios oficiales señalan que el 45% de las agresiones están relacionadas con el consumo de alcohol Y la Organización Mundial de la Salud advierte que el abuso de esta sustancia provoca cada año 3 millones de muertes en el mundo y está asociado con más de 200 enfermedades. La diferencia es que en muchos países el problema se combate con campañas permanentes de prevención y regulaciones estrictas en la venta y consumo de bebidas alcohólicas.
A ello se suma la droga más silenciosa y destructiva de los últimos años, el cristal. El Observatorio Mexicano de Salud Mental y Consumo de Drogas advierte que esta sustancia ya supera a la marihuana como droga de inicio en varias entidades. En Estados Unidos tras campañas intensivas, el consumo de metanfetaminas entre jóvenes logró descender en la última década, aunque sigue siendo una de las drogas con mayor índice de recaídas. El mensaje es claro,
prevenir sí funciona, pero requiere continuidad y decisión política.
En Morelos, durante los últimos seis meses, operativos interinstitucionales se han enfocado en regular la venta de alcohol en carnavales, jaripeos y fiestas patronales. No es tarea sencilla, pero sí urgente. Menos alcohol sin control y menos drogas en las calles significan menos mujeres agredidas, menos familias rotas y menos muertes por riñas absurdas.
Concientizar es la clave. Entender que detrás de cada estadística hay una historia de dolor y que, si como sociedad asumimos un compromiso, podemos empezar a revertir esta ecuación. No es un asunto exclusivo del gobierno es también una responsabilidad compartida.
La seguridad no se decreta, se construye. Y empieza por reconocer que cada decisión cotidiana suma o resta a la paz social.
#QuéCosa!














