Aún no se han resanado las paredes de un Senado que fue tomado, aún no se han visto los efectos reales de los nuevos jueces y no se han curado las cicatrices que dejó la reforma al Poder Judicial Federal, pero desde el horizonte se ve como se avecina una Reforma Electoral.
Después de un dudoso proceso electoral en donde fueron electos jueces, ministros y magistrados, la consejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei, reconoció que fueron utilizados “acordeones” -cuando lo que debió hacer fue sancionar su uso- eso fue suficiente para que la presidenta Claudia Sheinbaum advirtiera desde la mañanera que la maquinaria política caminaría hacia una Reforma Electoral.
Durante el sexenio pasado, un conflicto abierto entre el ex presidente del INE, Lorenzo Córdoba y AMLO, colocó en la agenda política una reforma que tenía como objetivo desguazar el INE como hasta el momento lo conocemos; sin embargo, la falta de una mayoría calificada y la eventual salida Lorenzo Córdova del instituto pasó la reforma del cartucho al tintero.
La cámara de diputados nombró a Guadalupe Taddei como nueva consejera presidenta y el INE se convirtió en una nueva dependencia del Ejecutivo Federal, comportándose completamente omisa ante la clara campaña anticipada que todas las “corcholatas” llevaron a cabo y el excesivo gasto que hizo el partido en el poder.
Sin embargo; un desencuentro bastó para que la presidenta regresará el tema a la agenda y mediante un decreto creó una comisión encargada de redactar la nueva reforma. Esa comisión, más allá de un equipo técnico de confianza, parece una comitiva que representa los intereses de López Obrador (Pablo Gómez, Ramírez Cuevas y Arturo Zaldivar) contra la que representa los intereses de la Presidenta (Ernestina Godoy, Rosa Icela y Pepe Merino).
Aparentemente, esta reforma tendrá como ejes centrales la desaparición de los tribunales electorales locales, la implementación del voto electrónico, discutir temas como recursos a partidos políticos y, se entiende como una importante modificación al INE y lo de mayor trascendencia: la desaparición de los legisladores plurinominales.
Los legisladores plurinominales son un enemigo fácil que tienen dos elementos en contra: el poco prestigio de su oficio y, no haber llegado al poder por el voto popular si no por una lista hecha por un partido político. Sin embargo; eliminarlos no soluciona ningún problema, solamente centraliza el poder, desaparecer los plurinominales nace del hambre del partido en el poder por hacerse de todo el control, disfrazando sus intenciones con un dogma engañoso.
Hoy, sin haberse presentado una letra de la reforma, puede verse por las condiciones y formas en que será creada, que no se busca un verdadero cambio acompañado de la historia y la memoria histórica, sino que se busca el poder puro y duro que aún sigue suelto.
Curiosamente, parece que no será tan fácil para la Presidenta, aprobar este proyecto, pues la más importante oposición parece estar dentro de casa, con partidos aliados que podrían ver como sus intereses son profundamente afectados y por un coordinador de Morena en el Senado, que hoy parece más un obstáculo que un aliado.














