Cinco años.
Cinco años escribiendo desde la entraña, desde el asombro, desde la rabia, desde el amor. Cinco años de levantar la voz con palabras.
De observar cómo el mundo se tambalea como fichas de dominó y, aun así, seguir documentando su caída y sus intentos por recomponerse.
Este espacio, Dominó Social, nació como un acto de rebeldía íntima, como una conversación con el caos, en medio de un planeta que se encerraba con miedo tras el telón de la pandemia. Nació también como un homenaje a mi amado tío Carlos Berumen, fue una forma de seguir hablándole en silencio, de invocar su lucidez en cada análisis, en cada crítica, en cada línea que intentó dar sentido al desconcierto colectivo.
Pero Dominó Social dejó de ser solo mío. Hoy, cinco años después, es un espacio compartido. Una trinchera de pensamiento y emoción. Un espejo que nos ha devuelto el rostro de un país complejo, contradictorio, ferozmente humano.
Desde aquí narramos el ascenso y la carga simbólica de que una mujer ocupe por primera vez la Presidencia de México y el Gobierno de Morelos. Fuimos testigos del conflicto que sigue desangrando a Ucrania y a Rusia. También del silencio… de ese silencio que duele más que las balas, porque habla de la indiferencia ante la desaparición diaria de mujeres, muchas de ellas con nombre, con historia, con sueños.
Hemos escrito sobre justicia, violencia, impunidad, amor, cuerpo, política, memoria. Hemos protestado con tinta y a veces nos hemos quedado sin palabras.
Pero también, Dominó Social ha sido mi refugio.
Aquí he llorado. Aquí también me he sostenido. Hace justo un año despedí a mi abuela, mi raíz más profunda. Y el día que sentí que el mundo se me venía abajo, este espacio me recordó que aún en el dolor hay una voz que puede abrazar, gritar o sanar.
Escribir es mi forma de respirar.
Y ejercer la libertad de expresión en tiempos tan hostiles, tan polarizados, tan difíciles, es una manera de resistir.
A ti, que has leído, compartido, criticado o simplemente pasado la mirada por estas letras: gracias.
Gracias por permitir que este espacio no sea un monólogo, sino una conversación constante con el mundo.
Hoy, más que nunca, creo en el poder de las palabras.
Porque si bien no siempre cambian el mundo, sí cambian las conciencias.
Y eso, ya es revolución.














