Después de meses de impulsar la polémica reforma fiscal que incluso creó divisiones internas, era tiempo de que el legislativo hiciera su parte y los republicanos gestionaron para aprobar el proyecto que fue promovido por el Presidente Trump; sin embargo, hubo momentos de suma tensión en donde los votos del grupo conservador parecían insuficientes.
El desacuerdo que algunos senadores republicanos hicieron público, hizo pensar que la primera gran encomienda que Trump pedía a la bancada de su partido, no sería cumplida. No obstante, el aparato de operación política se puso en marcha para aprobar una ley de más de 900 hojas que apenas pudo ser analizada y discutida por los legisladores.
Me parece muy peligroso que, buscando un acto mediático, se apruebe una reforma de esta importancia sin analizarla completamente. Porque lo que propone, es que algunas personas, en ciertas condiciones no paguen todos los impuestos que la ley normalmente les obligaría, lo que significa que el gobierno recibirá de sus ciudadanos menos impuestos.
Pero, está claro que el gobierno no gastará menos; entonces, si se mantienen los gastos iguales y los ingresos son menores, el gobierno de Estados Unidos tendrá que adquirir deuda con otros países y recortar programas internos, lo cual es por ambos casos problemático.
Se presupone que esta ley significa una contratación de 3 trillones de dólares en deuda, lo que significa que en algún momento el gobierno no podrá sostener ese ritmo y tendrá que cobrar más impuestos y gastar menos.
Por otro lado, recortar programas significa, -por lo que han decidido los legisladores gastar en seguros médicos-, lo que podría dejar a más de 12 millones de estadounidenses sin cobertura en salud, quitar apoyo para comprar comida y suspender la agenda de energías verdes y autos eléctricos.
Dejó de ser prioridad para la mayoría discutir la viabilidad, responsabilidad y consecuencias de la reforma fiscal y el objetivo que tuvo a senadores y diputados sin dormir, se convirtió en conseguir los votos para lograr la aprobación.
Así fue en el Senado y el jueves por la madrugada, cuando dos votos hacían la diferencia se logró consolidar el albazo y los republicanos lograron los números necesarios para entregar una reforma aprobada a Trump que pudiera firmar el día de la independencia de Estados Unidos.
El evento en el cual el Presidente Trump firmó la ley ocurrió en el patio de la Casa Blanca, junto con su gabinete y los legisladores.
Después de firmar y mostrar al público el documento, el presidente de la cámara de representantes Mike Johnson, sacó de una bolsa el martillo perteneciente al Presidente de dicha cámara -que representa su autoridad- y se lo dio al presidente Trump diciendo: “Con ese martillo se aprobó su reforma”.
El hecho, me parece sumamente simbólico, un hombre no solamente le entregó un pedazo de madera a otro hombre, si no que el presidente de un poder pensando como un contrapeso y que representa a un asamblea y no a un partido, le entregó sin vergüenza alguna y frente a todos los medios el signo de su poder a Trump.














