En una misma sesión legislativa, el Congreso de Morelos hizo dos cosas, aumentó el número de diputados de 20 a 30 y desapareció el Instituto de la Mujer. Es decir, más sillas para los partidos menos instituciones para defender derechos. Así, sin rubor.
Dicen que es por eficiencia, que no habrá aumento presupuestal, que la nueva Secretaría absorberá las funciones, que el Instituto ya no servía, duplicaba esfuerzos. Que esto es para bien, que todo mejora y que nadie pierde.
Falso.
El blindaje legal que ignoraron
La desaparición del Instituto no solo es una decisión política, es una omisión legal. La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (artículo 35) establece que los estados deben contar con un mecanismo autónomo para garantizar políticas públicas de igualdad. No dice “podrán”, ni “si les parece” dice, “deben”.
Además, México ha suscrito compromisos internacionales como la Convención de Belém do Pará y la CEDAW, que obligan a fortalecer, no debilitar, los marcos institucionales que atienden violencia de género. Y aquí, en lugar de fortalecer, borraron.
¿Y qué se dice desde el Congreso? Que el Instituto quedó a deber. ¿Y qué institución no? ¿Lo que no cumple se elimina? ¿Esa es la lógica? Porque si esa va a ser la regla, más vale ir preparando cajas para muchas oficinas… y para varias curules.
El pretexto del rediseño
Transformar un Instituto en Secretaría suena bien… si fuera con visión, presupuesto y autonomía. Pero no, aquí es más bien un cambio de membrete. Se borra una estructura que al menos tenía autonomía técnica, consejo consultivo y representación ciudadana, para convertirla en una dependencia más dentro del Ejecutivo. Es decir, menos crítica menos contrapeso menos libertad.
Y no lo olvidemos en Morelos, la alerta de violencia de género está activa desde 2015 en ocho municipios.
El Instituto podrá no haber resuelto todo, pero era una de las pocas puertas abiertas para denunciar, exigir y empujar políticas públicas. Ahora, esa puerta se cerró.
Más diputados… ¿para qué?
Y mientras una institución útil desaparece, aparece otra cosa más diputaciones. Pasamos de 20 a 30 con nuevos esquemas de mayoría, primera minoría y representación proporcional. La justificación más representación, sin subir el presupuesto.
Más representación… ¿de quién? Porque los ciudadanos no pidieron más diputados, los partidos sí. Porque esta reforma no surgió de una exigencia ciudadana, sino de un rediseño político disfrazado de pluralidad.
No olvidemos el Congreso actual ha sido protagonista de escándalos, parálisis legislativa y pleitos internos. ¿Y su solución? Meter más sillas al salón. Como si al restaurante le fuera mal y la respuesta fuera comprar más mesas.
El espejo histórico
Este tipo de reformas tiene historia. El PRI lo hizo durante décadas cambiar estructuras para protegerse. El PAN lo intentó con su “adelgazamiento” del estado, Morena dice que va contra los privilegios pero aquí vemos otra cosa, más estructura para el control político, menos estructura para la defensa de derechos.
Porque eso es lo que pasó aquí, una suma aritmética y una resta institucional, una operación disfrazada de modernización.
Y para los que preguntan si se vale opinar…
Se vale, se debe porque la Constitución (arts. 6 y 7) protege la libertad de expresión, y porque ningún Congreso, gobierno o partido tiene derecho a decidir qué opinión es válida. Nuestra obligación como periodistas y como ciudadanos es decir lo que vemos, aunque incomode, aunque moleste, aunque les arruine el festejo.
Lo que pasó en Morelos no fue una reforma, fue un reacomodo del poder y lo disfrazaron de rediseño institucional.
Y si después de leer esto alguien se ofende… pues que se acomode en su nueva curul. Hay diez nuevas disponibles.
#QuéCosa!














