Uno de los temas que ha tenido gran realce en los últimos meses es la migración. Esto debido al impacto que las deportaciones tienen en el país vecino, en redes sociales circulan escenas de latinoamericanos que son perseguidos por agentes de migración, trabajadores que son detenidos en medio de labores y madres que son separadas de sus hijos; prácticamente una cacería.
Rápidamente saltan a la vista las recriminaciones al gobierno y con mayor precisión a los discursos de odio del presidente Trump, quién atribuye los males del país a los migrantes, promoviendo la xenofobia y criminalización de los migrantes, lo que ocasiona con mayor ahínco la violación a sus derechos humanos.
Lo que ha causado indignación y empatía debido a qué gran parte de la población mexicana tiene familiares que se encuentran en un estatus de migración irregular. Sin embargo, la distancia que existe entre la empatía con los migrantes centroamericanos que se encuentran en México se aleja, pues gran parte de la población tiene el mismo discurso de odio hacia los migrantes.
Esta respuesta no solo existe entre la población, sino que persiste como una réplica de las disposiciones legales y autoridades mexicanas. Esto porque el discurso político sobre la migración en México consiste en una criminalización y militarización, las autoridades han procurado la vigilancia en la frontera sur, pues se consideran a los movimientos migratorios dentro de las problemáticas de seguridad nacional .
Por lo que se puede apreciar que el discurso migratorio en México suele coincidir con el del país vecino, con la peculiar salvedad que dentro del territorio recién comienza el fenómeno de migración. Aun así, las acciones gubernamentales actúan de una manera recrudecida e igualmente la población tiene tendencia a criminarles y replicar discursos de odio.














