Habiendo observado el devenir de las democracias de las diversas maneras de gobernar en México y en el mundo, me parece que podemos arribar a algunas conclusiones de aplicación general.
La necesidad de la participación ciudadana en el ejercicio del poder público, ya para evaluarlo, retroalimentarlo, y guiarlo a fin de que haga de manera correcta su función.
Siempre se ha hablado de participación ciudadana, hoy es el primer eje estratégico del plan nacional de desarrollo; en Morelos hubo un gobernador que dijo: impulsaré la participación ciudadana, de tal manera que haya tanto gobierno como sea necesario y tanta participación ciudadana como sea posible. Disminuir al gobierno y ampliar la participación de los ciudadanos.
Como hoy sabemos eso fue solo el canto de las sirenas, es decir, nada que hayan cumplido o al menos deseado cumplir.
Cerrar espacios a la participación ciudadana ha sido una constante de la que aun no nos podemos liberar, pero es el único camino realmente para una verdadera soberanía del Pueblo y para que se cumplan los fines de la democracia.
Mientras el pueblo no dirija a sus gobiernos, la soberanía popular será un mito, y mientras el mito no sea cuestionado, la democracia quedará sujeta a duda también.
Participación ciudadana no es el aplauso multitudinario que se da en los eventos oficiales de personas de la sociedad civil invitadas a asistir o a un informe o a una inauguración.
La participación ciudadana es gobernar de la mano con la población, escucharla, analizar lo que se pretende hacer, sujetarlo al análisis de las personas, apoyarse en los especialistas de nuestro pueblo.
Los elementos para una adecuada participación ciudadana aún no se dan, por ejemplo, el acceso a la información pública de oficio, no logró el IMIPE en dos décadas de su existencia, que las instituciones transparentaran su actuar y a nivel nacional el hoy extinto INAI, tampoco lo logró.














