Una gran mayoría de competidores dispersos, habrán de aparecer en la escena del año 2027, casi todos, buscarán afanosamente el acaparamiento, la concentración de posiciones, buscarán acuerdos y combinaciones, formularán procedimientos ¿y todo para qué? Pues simplemente para eliminar la libre competencia. Van a constituir ventajas y establecer relaciones ambiguas y contradictorias, incómodas y frágiles, para así llegar a la conquista de un poder casi absoluto.
Se trata de manipular, restringir, segmentar, denegar, adoptar, distribuir, concentrar, fusionar, se trata pues de violar el régimen jurídico regulatorio de la libre competencia electoral, echando a andar prácticas monopólicas, llámense relativas o bien absolutas, todo en forma indebida a favor de una o varias personas determinadas, y con perjuicio de muchos ciudadanos. Esta forma de accionar, tiene efectos meramente anticompetitivos.
Solo existe un pensamiento, con un calificativo, el estratégico, ignorándose la prolongación y hondura de las relaciones que establecen entre ellos y los demás actores políticos que intervienen, no les importa si la población susceptible a conquistar es flotante, voluble, o bien no cuenta con educación y formación, tampoco importan los aspectos sociológicos y políticos, y un día, simplemente se presentarán sin acreditar qué representan, tampoco demostrarán un legítimo interés electoral, la cuestión es llegar, llegar al poder.
En ése momento histórico, van aprovechar situaciones coyunturales, hablarán fuerte, y frente a quien detenta efectivamente el poder, se volverán pusilánimes, harán caso omiso al tema de las lealtades, y más aún, evitarán promover la participación del pueblo en la vida democrática, haciendo nugatorio el ejercicio de los derechos políticos, empero, lo más grave es que a ésa fecha, muchos de ellos, de los que ya se vienen promoviendo, no han elaborado una propuesta con seriedad, una propuesta de planeación, de conducción, de coordinación, y orientación, en sí, no presentarán un proyecto, porque simplemente no lo tienen.
De los muchos, unos se dicen aspirantes, otros pre-candidatos, otros candidatos, otros dicen que esperan los tiempos y las formas, lo cierto es, que ya están en vía de hechos, ya están en campaña, y hablan, y hablan de las asignaturas pendientes, de los grandes problemas del país, de los temas nacionales, empero, no saben de su resolución. Esto, no es limitativo de miembros de un partido político, no, alcanza a casi todos los partidos, esto es lo grave.
La óptica es meramente electoralista, presentándose un fenómeno político sin precedentes, hay denigración, no importan las características, cualidades y capacidades de quienes debieran tener un liderazgo político, ya no importan los errores, excesos demagógicos, vacíos y contradicciones, cuando a la luz de los cambios políticos experimentados, la participación política a futuro debiera ser propositiva, acorde a programas, principios e ideas.
Por ello, vale la pena citar la reflexión del politólogo Philippe Schmitter, la que hiciera durante el Coloquio Internacional “Transiciones a la democracia en Europa y América Latina”, celebrado en Guadalajara en el año de 1991, cuando llamaba la atención sobre los tipos posibles de regímenes políticos que pueden surgir de un proceso de transición hacia la democracia. Decía que:”…la tercera posibilidad, lógicamente factible, la que me parece en cierta forma la más insidiosa y peligrosa, y de la que no se ha hablado mucho en la teoría política y es sumamente difícil de analizar es la democracia no consolidada. Son regímenes o sistemas políticos condenados a la democracia sin poder gozar de ella. Es una situación donde hasta el mínimo procedimiento democrático está respetado (…), pero no se consolidan las reglas del juego; no existe el famoso juego limpio entre las fuerzas políticas. Cada partido se considera el único dueño del poder, cada grupo actúa sin referencia a su impacto sobre el sistema más amplio” (1991, p. 106). Referencia que hago valer, y que es mencionada tal cual por Javier Hurtado, en su obra Sistema Político en Jalisco (pág. 125), quien expresa más adelante, lo siguiente: “Esta reflexión del politólogo de la Universidad de Stanford insistía en que, contra lo que se ha supuesto, no toda transición o alternancia en el régimen político tiene porque conducir obligada y necesariamente a una situación de plenitud democrática o de democracia consolidada; sino que, junto a esta posibilidad, existe también la de la regresión a la autocracia; la congelación de un régimen híbrido; la democracia consolidada y la democracia no consolidada.
En fin, entre los “programas” de los partidos políticos, la falta de ellos en los aspirantes, su distancia ideológica, el incremento de los conflictos preelectorales y postelectorales, la falta de liderazgo y conducción política, la fragmentación al interior de los institutos, una nula asimilación de las enseñanzas históricas, el abuso de quienes gozan del poder, y las frivolidades al dar por iniciada ya la carrera política hacia el 2027, nos llevan a un solo escenario, el de las pasiones desordenadas, mal, muy mal, para el proyecto México.














