La noche de ese viernes, 26 de abril del 2024, se localizó el cuerpo sin vida del periodista morelense Roberto Carlos Figueroa, conductor y productor del programa “Acá en el Show”. El hallazgo ocurrió en una zona boscosa del kilómetro 58 de la carretera federal Cuernavaca-México, a la altura del poblado de Coajomulco, perteneciente al municipio de Huitzilac.
El comunicador fue privado de la libertad después de dejar a sus hijos en el colegio de Bachilleres plantel 01 de Cuernavaca. Más tarde, familiares de Figueroa recibieron varias llamadas telefónicas, algunas de ellas del mismo Roberto, quien les pedía que juntaran dinero para entregarlo a sus captores a modo de rescate. Luego de que la familia consiguiera el monto que pedían los delincuentes, les dieron instrucciones para entregar el dinero y les aseguraron que dejarían al periodista en Coajomulco. Eso no sucedió.
El sábado, tras realizar un operativo en la zona, la Guardia Nacional, Ejército mexicano y la Policía estatal localizaron el cuerpo sin vida de Figueroa al interior de un auto compacto. Los detalles sobran.
El Gobierno del Estado —que recién el 4 de abril habría abandonado Cuauhtémoc Blanco Bravo en manos de Samuel Sotelo Salgado--, emitió un comunicado en el que condenó los hechos, hizo un llamado a la Fiscalía para esclarecer el crimen y señalar que, a través de la Comisión de Atención a Víctimas se otorgará acompañamiento a los familiares.
Roberto Carlos Figueroa, tenía 40 años, era biólogo de formación y exfuncionario del gobierno estatal de Morelos. Se había dedicado a ejercer el periodismo y a la creación de contenidos digitales después de las elecciones estatales y generales del año 2018. Era el fundador y director de Acá en el Show, un medio noticioso y satírico desde donde publicaba noticias y opiniones sobre la política local y videos humorísticos que criticaban a políticos de Morelos como el entonces gobernador Cuauhtémoc Blanco.
Según se conoció, desconocidos habían entrado a la fuerza a la oficina de Roberto Carlos Figueroa, en noviembre y diciembre de 2023, pero no se habían robado nada.
Un día después --el 27 de abril--, corresponsales, periodistas, camarógrafos y fotoreporteros morelenses se manifestaron para exigir justicia ante el secuestro y asesinato de Roberto Carlos Figueroa. Ese día, se advirtió: “este viernes la apuesta de los criminales se ha elevado al atentar y conseguir quitarle la vida a un periodista. El secuestro y posterior asesinato de Roberto Carlos Figueroa representa un duro golpe a la libertad de expresión. A las constantes agresiones que se expresan en amenazas, intimidaciones, ahorcamiento financiero de los medios, criminalización de la función periodística, ahora se suma el asesinato”.
“Su crimen representa una muestra más de la terrible violencia que vive Morelos, entidad en la que nadie está seguro. También es una muestra de las condiciones que rondan la ingobernabilidad en un estado en el que ninguna autoridad asume su responsabilidad y en la que, más bien, han hecho de la polarización el escudo para escabullirse”, afirmaron.
Los periodistas hicieron una serie de exigencias al gobierno del estado, a la Fiscalía de Justicia, al Poder Judicial, al Congreso local y solicitaron apoyo y solidaridad a la sociedad morelense, pues “cuando atacan a un o una periodista o cuando le matan, como en este caso, están intentado coartar el derecho que tiene cada morelense a saber, a enterarse, a la fiscalización de los poderes. Por eso es fundamental dar todas las garantías a quienes ejercemos el periodismo en la entidad y en el país”… y desde entonces y hasta ahora, seguimos en espera de un acto de justicia.
En conferencia de prensa celebrada el 29 de abril, el entonces fiscal general del estado de Morelos, Uriel Carmona Gándara, declaró que el asesinato de Roberto Carlos Figueroa posiblemente estaba vinculado con su actividad profesional, aunque no entró en detalles
Según la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) los actos de violencia contra periodistas tienen un triple efecto: vulnera el derecho de las víctimas a expresar y difundir sus ideas, opiniones e información; generan un efecto amedrentador y silenciador en sus pares y violan los derechos de las personas y las sociedades a buscar y recibir información.
El caso de Roberto Carlos Figueroa, es uno de esos… Seguimos esperamos justicia.














