Ante la crisis humanitaria en México con 500 mil asesinatos acumulados en dos décadas, más de 125 mil desaparecidos y miles de feminicidios, decenas de periodistas y personas defensoras asesinadas, se requiere un polo social de lucha que sea capaz de articular las demandas sociales y la defensa de los derechos humanos.
En Morelos existe una tradición histórica de los movimientos sociales y la izquierda. Así lo documentamos en un libro escrito desde abajo, sobre el zapatismo, el jaramillismo, el sindicalismo independiente, el feminismo y la lucha por los derechos humanos.
Aportamos nuestro esfuerzo apoyando procesos unitarios como los del Pacto Morelos por la Soberanía Alimentaria y Energética, la Unión de Municipios y Comunidades Indígenas y Afro Morelenses, los colectivos de buscadoras y familiares de desaparecidos como los 43 de Ayotzinapa.
A la luz de lo que ocurre actualmente frente a las políticas gubernamentales y el debate en el seno de los movimientos indígena y afrodescendiente, los colectivos feministas y de madres buscadoras, en el sindicalismo independiente y democrático, traemos algunas tesis aprobadas recientemente en el Congreso Mundial de la IV Internacional.
Durante muchos años la Cuarta Internacional ha desarrollado una práctica de que los movimientos sociales, en toda su diversidad, pueden y a menudo desempeñarán un papel esencial en la lucha por el socialismo.
Existen multitud de movimientos sociales: por ejemplo, sindicatos, movimientos vecinales, campesinos y agricultores, ecologistas, movimientos de mujeres, movimientos LGBTI, movimientos indígenas, movimientos de personas racializadas, movimientos de discapacitados.
Estos movimientos sociales suelen tener varias dimensiones: contra la explotación en el lugar de trabajo, por la defensa de los espacios vitales y de la vida, y por la liberación frente a las opresiones. Nuestro planteamiento es apoyar estas múltiples dimensiones de las luchas, amplificarlas y aspirar a una confluencia explícita de los diferentes aspectos y terrenos de lucha hacia una confrontación global con las clases dominantes, que se basan en la explotación, la opresión y la destrucción de la tierra, el territorio y de los espacios vitales y de la vida.
Estos movimientos son importantes porque constituyen la autoorganización de quienes desafían el sistema capitalista de diferentes maneras. El proceso de autoorganización, especialmente en los lugares de trabajo, pero también en otros contextos colectivos (instituciones educativas, barrios, comunidades rurales, o sobre la base de una experiencia compartida de la opresión) promueve el desarrollo de una conciencia de clase frente a los desafíos del sistema capitalista, especialmente de los empleadores y del Estado, la politización y la elaboración de premisas de un programa de desafío al sistema capitalista y de la perspectiva de una sociedad diferente.
En cada sector hay debates y alternativas diferentes, por eso consideramos que un partido anticapitalista busca desarrollar un programa de lucha de clases como síntesis de las demandas en el mejor interés de las clases explotadas y oprimidas, el desarrollo y la formulación de estas demandas se formulan mejor por quienes están más directamente involucradas. En el movimiento feminista, nuestras diferencias tanto con quienes minimizan la opresión de las mujeres considerándolas únicamente como trabajadoras asalariadas, como con quienes ven el patriarcado y las relaciones de clases como procesos paralelos, lo que hoy llamaríamos teoría de los sistemas dobles, nos lleva a concluir en el lema «No hay liberación de las mujeres sin revolución socialista, no hay revolución socialista sin liberación de las mujeres». La comprensión general de que las opresiones específicas no serán derrotadas simplemente por una lucha en el lugar de trabajo sin que la dirección activa de los movimientos de los oprimidos muestre el camino y subraye la realidad de las opresiones específicas es en general más pertinente.
Los movimientos sociales son una forma clave de movilizar a sectores de las clases trabajadoras y populares, incluidos los más explotados, oprimidos y a menudo marginados, para el cambio social, incluso potencialmente como parte de un cambio revolucionario. Los movimientos sociales son, ante todo, la forma elemental de organización para defenderse del sistema en cuestiones sociales, democráticas o discriminatorias. En esto pueden ser el marco de acción de las y los explotados, representar su fuerza social. La gente entra en acción en torno a su propia situación política y luego, a través de esa experiencia, extrae lecciones políticas más generales.
Tienen también otra dimensión estratégica, que es la de ser el crisol de la autoorganización, de la toma de las riendas de sus propios intereses y de la acción política por las y los propios explotados y oprimidos. En esto esbozan lo que sería una sociedad basada en una democracia de consejos, estructuras de autoorganización en los lugares de trabajo, en los barrios y en las ciudades.
Por eso luchamos para que guarden celosamente su carácter de independencia frente a los poderes fácticos, los partidos y del gobierno. El movimiento de masas está ahí para garantizar los intereses de las clases explotadas, gobierne quien gobierne.
Por lo tanto, buscamos defender la construcción de movimientos sociales, luchando por reivindicaciones y formas de organización que lleven adelante una agenda que defienda los intereses de la clase trabajadora, luchando por que el movimiento en su conjunto adopte una perspectiva de lucha de clases. Adoptamos una actitud de escucha y aprendizaje de lo que hacen otras y otros en lugar de suponer que tenemos todas las respuestas.
Luchamos por la democracia más amplia posible dentro de los movimientos sociales para escuchar todas las voces y propuestas.
Participar conscientemente donde quiera que estemos y construir una perspectiva estratégica desde abajo, para poder transformar la realidad que nos toca vivir, es una necesidad urgente aquí y ahora.














