De los porros.
Ahogan mis oídos, contaminan mis ideas, me canso solo de verlos, pero hoy están por todos lados, me refiero a esos políticos que no tienen camino ni bandera, pero tienen una silla y su persona es de las mismas dimensiones que su asiento.
No sé cómo llegamos a esto, me niego a pensar que estos sean lo que merecemos, pero son la mayoría y lo han sido desde hace un rato. Pueden esconderse en cualquier color y se arrastran como serpientes para maquillar o condenar lo que les conviene, porque no tiene ideología, tiene cargo.
Me molesta verlos alzando la voz para repetir líneas partidistas, usando su dedo para votar en masa en lugar de señalar y siendo el peor ciego, aquel que no quiere ver. No les interesa escuchar las calles, caminar junto a la gente ni verse al espejo. Que terrible su sorbía para no escuchar nada más que sus gritos vacíos, para desentenderse del servicio y cerrar sus puertas, para exigir valores éticos por ellos que ellos nunca se regirán.
De carrera
Son pocos, pero existen, son aquellos que a pesar de caminar sobre un pantano, tienen ideas en la cabeza y el servicio en su brújula. Tienen sus puertas abiertas, zapatos para ensuciarse y plumas para usarse. No son improvisados ni una consecuencia de la coyuntura, Aunque caminan con dificultades en un camino engañoso, se apoyan de ideales para sobrevivir. Su única amenaza es claudicar contra la rutina y cambiarse de bando.
Sobre nosotros:
Nosotros, aunque sea complicado, debemos salir de la inercia y darnos cuenta de que no cambiaremos a México doblando nuestras rodillas ante aquellos que lo quieren ver sangrando, agraviado y rentable para unos cuantos. Y debemos negarnos a que buscando servir el día de mañana, nos formemos hoy en las filas del mal.














