La violencia feminicida es producto de un sistema patriarcal y machista que el capitalismo reproduce en todos los ámbitos de la vida y destruye los mejores sentimientos humanos. Ninguna justificación puede tener el hecho de que se prive de la vida a ninguna persona en cualquier parte del mundo. Esta elemental verdad, sin embargo, no es compartida por quienes ejercen un poder para imponerse por encima de quienes quedan en la indefensión ante el uso desmedido de la fuerza.
Ahora que estamos a unos días de que se conmemore el 8 de marzo, día internacional de las mujeres trabajadoras, es necesario asumir la parte que nos corresponde a cada quien para transformar la realidad que nos toca vivir y contribuir a construir un mundo donde sea eliminado todo tipo de violencia y discriminación, de opresión y explotación contra las mujeres.
En Morelos se llevarán a cabo diversas movilizaciones, marchas, foros, encuentros, seminarios y actividades donde se abordarán los derechos de las mujeres a una vida libre de violencia. Habrá que escuchar atentamente las voces de protesta que se elevarán para que las autoridades actúen en consecuencia llevando a cabo políticas públicas para atender, investigar, sancionar y erradicar el feminicidio. También hay que analizar las implicaciones que tienen para el conjunto de la sociedad y en particular para las organizaciones sociales y sindicales, organismos defensores de derechos humanos y pueblos indígenas, para incorporar en su práctica cotidiana el respeto a los derechos de las mujeres que participan crecientemente en sus instancias de dirección.
Conocemos las luchas de las mujeres en Morelos desde hace décadas. Recuerdo que en 1974 fueron las mujeres trabajadoras de la industria de la confección y Rivetex las que encabezaron las huelgas y marchas en defensa de sus derechos laborales mediante la creación de sindicatos independientes. Las brigadas de información a puerta de fábrica por parte de las trabajadoras despedidas permitían mostrar el apoyo y la solidaridad de la clase trabajadora frente a las políticas represivas de los patrones capitalistas que trataban de acallar cualquier voz crítica que se expresara al interior de las fábricas del Valle de Cuernavaca. Su ejemplo permitió que miles salieran a la calle a protestar y a exigir sus derechos como clase trabajadora.
Fueron precisamente las mujeres despedidas quienes se unieron a mujeres de colonias populares, en su mayoría integrantes de las Comunidades Eclesiales de Base promovidas por la Diócesis de Cuernavaca estando al frente el Obispo Sergio Méndez Arceo, para impulsar la formación de la Coordinadora de Mujeres de Morelos que denunciaba las violaciones sexuales y se pronunciaba claramente a favor del derecho a decidir para que no se criminalizara a las mujeres por abortos realizados de manera clandestina. Muy lejanos días pareciera ahora que desde los púlpitos se criminaliza a las mujeres y el Congreso del Estado se reusa a cumplir en Morelos con los cambios legales para garantizar éste derecho a las mujeres para evitar muertes.
Pasaron años de luchas para que se lograra elaborar una Ley general de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, producto de las investigaciones encabezadas por la destacada feminista Marcela Lagarde cuando era diputada federal y convocó a mujeres de 10 estados de la república para llevar a cabo una investigación sobre el feminicidio, investigación que en Morelos coordinó Juliana García Quintanilla de la Comisión Independiente de Derechos Humanos y participó con un equipo de investigación donde se contó con la participación de Paloma Estrada Muñoz también. Estos esfuerzos de feministas se sumaron a la labor jurídica encabezada por la abogada Andrea Medina Rosas que logró documentar y obtener la resolución sobre Campo Algodonero por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos a raíz de los feminicidios que ocurrían en Ciudad Juárez, Chihuahua.
De esa manera, conjuntando esfuerzos y sumando voluntades de mujeres feministas, se elaboraron herramientas fundamentales como el mecanismo de la Alerta de Violencia de Género para combatir el feminicidio, en primer lugar definiendo el tipo penal y modificando el Código Penal para poder sancionar y evitar que continuara la impunidad. Como lo señala el Artículo *213 Quintus.- “Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género”. Por eso, ningún caso de feminicidio debe permanecer impune.
Es claro que si se aplicaran todas las medidas de la Alerta de Violencia de Género por las autoridades tendríamos un panorama distinto en Morelos. Seguiremos exigiendo que no haya simulación ni negligencia en la atención, investigación y sanción para erradicar el feminicidio y garantizar el acceso de las mujeres a una vida libre de violencia.
Han pasado los días y los años desde que salían a las calles unas cuántas mujeres a las plazas y las calles a protestar el 8 de marzo, hasta llegar a los años recientes donde son miles de mujeres las que se movilizan en las escuelas, oficinas, centros de trabajo y zócalos de las ciudades, para elevar sus voces de protesta y se tome conciencia de que ver el mundo con ojos de mujer implica asumir la igualdad y la equidad para tener las mismas condiciones sociales y económicas entre mujeres y hombres, así como eliminar todas las disposiciones legales y de otro tipo que impidan ejercer libremente éstos derechos humanos de todas y todos.
Es importante que la sociedad proteste y se organice, exija y se movilice en las calles y plazas, porque no se puede ser indiferente ante tanta violencia que termina afectando a toda la sociedad. Basta de feminicidio en Morelos. ¡Ni una más!














