Hace unos días, subió al pleno del Senado de la República, la reforma constitucional que prohíbe la reelección y el nepotismo. Entendida la reelección como el uso consecutivo de un mismo puesto (como diputado o presidente municipal) y nepotismo entendido como la imposibilidad para dejar a un familiar directo en un puesto de elección popular.
La reforma era por naturaleza positiva, a pesar de que llamaba la atención, los muchos funcionarios de alto nivel que son familiares en el gobierno de Morena; sin embargo, ante una buena intención, el objetivo principal era es que deje de serlo y se convirtiera en un hecho, por lo que parecía que la reforma pasaría con el apoyo de todas las bancas y se convertiría en uno de esos acuerdos que concluía con el aplauso de todos para las cámaras (porque en la internalidad todos los políticos quiere reelegirse).
Durante el proceso, la causa de la polémica, fue que existen varios senadores del lado del oficialismo, que tienen interés en buscar la gubernatura de sus estados después de sus familiares, como Salgado Macedonio, cuya hija es la actual gobernadora del estado de Guerrero o Saúl Monreal, cuyo hermano es el actual gobernador del estado de Zacatecas.
Pero en la lógica morenista (por lo menos del sexenio pasado) todo apuntaba a que estos senadores tendrían que apretar los dientes y votar a favor, pero no fue el caso, horas antes de la votación y frente a todos los medios, el Partido Verde, presentó una reserva (un cambio a la iniciativa presentada) en donde propone que la reforma fuera aplicada hasta el 2030.
Esto, le permitiría a las y los senadores afectados, participar en las contiendas para ser gobernadores a pesar de que estuvieran votando porque las generaciones futuras no pudieran hacer lo que ellos estaban haciendo; es decir, hágase la justicia en los “bueyes de mi compadre”. Horas después de la votación, el presidente del Senado, afirmó que la modificación fue parte de un acuerdo por el interés de algunos senadores.
¡Qué curioso! quieren que la ley se aplique de manera transformadora para todos, menos para ellos. Por otro lado, el cambio a esta reforma que tenía la firma de la actual Presidenta, muestra que el mayor reto político que puede tener Sheinbaum, lo tiene dentro de su mismo partido.
Esto se ve, cuando se incriminan en redes sociales, cuando no retan públicamente y cuando Obrador sigue siendo una aspiración cuando la banda presidencial ya está sobre otra persona.














