En el PRI han enseñado a quienes militan que la política es de tiempos y estrategias, que la historia se mueve en ciclos y que quien sabe resistir, sabe volver. Hoy, sin embargo, resistir no basta. El país cambió, las formas de hacer política cambiaron, y Revolucionario tal parece sigue atrapado en un laberinto de inercias, miedos y simulaciones. A quienes aún militan en el PRI, pero principalmente a sus dirigentes en todos los niveles les toca aceptar con humildad lo evidente: la militancia está cansada, la gente dejó de creer en ellos y, lo peor de todo, muchos dentro del partido han comenzado a desilusionarse.
Ser oposición no es solo un eslogan. Es entender que los ciudadanos no te ven como alternativa porque no han sabido serlo. Quienes hoy ocupan puestos de decisión al interior del tricolor han permitido que los definan por sus errores y que la narrativa del pasado pese más que la capacidad de construir futuro. Tal parece que el PRI se ha refugiado en la comodidad de lo conocido, en los acuerdos de cúpula, en las mismas caras de siempre, mientras afuera hay una sociedad harta, con ganas de respuestas y con una rabia que, en lugar de entender, siguen ignorando.
Si quienes hoy conforman el PRI quieren realmente fortalecerse como oposición, primero deberán hacer una autocrítica real, no la que se queda en discursos para la prensa. Significa limpiar la casa, abrir espacios a nuevos liderazgos sin miedo a que se les cuestione, sin cerrarle la puerta a quienes piensan distinto. Significa entender que la política ya no es solo territorio de estructuras, sino de causas. Que no basta con administrar la nostalgia del PRI que fue, sino construir el PRI que debe ser.
Seamos honestos, MORENA ha sabido capitalizar el descontento porque entendió que la política es emoción, es identidad. El PRI como oposición, en cambio, sigue hablándole a un país que ya no existe. Necesita reaprender a conectar, a ser una oposición que no solo critique, sino que proponga. Que en lugar de lamentarse por lo que se perdió, construya lo que sigue. Que no se avergüence de su historia, pero tampoco se quede atrapada en ella.
El PRI solo podrá fortalecerse si deja de aferrarse a los mismos métodos y entiende que la lealtad verdadera no es a las dirigencias ni a los nombres, sino a la gente. Si no lo hace, la oposición le pasará de lado, y el país habrá de cobrarles la factura.














