A petición escrita, las Reliquias de los Mártires Cristeros provenientes de Jalisco fueron recibidas a las puertas de la Catedral de Cuernavaca por el Obispo de esta Diócesis, Ramón Castro Castro, para rendir honor a quienes ofrendaron su vida por Cristo Rey, con la fe plena en la resurrección.
La homilía dominical también estuvo dedicada al acontecimiento, evocando incluso que las reliquias del Papa Juan Pablo II también estuvieron en esta Catedral, para regocijo y adoración por parte de los fieles. Los Mártires ofrendaron su vida en la confianza de que Cristo cuidaría de sus familias y que, por tanto, estaban en mejores manos. Se entregaron a la defensa de su fe, con la confianza de la resurrección.
Fueron expuestas las reliquias de 25 mártires mexicanos canonizados por el Papa Juan Pablo II el 21 de mayo del año 2000 en Ciudad del Vaticano, entre ellos José Sánchez del Río. Asimismo, se expusieron los restos de 13 beatificados por el Papa Benedicto XVI el 20 de noviembre de 2005, como Anacleto González Flores, patrono de los laicos en México.
Castro Castro, durante la homilía, destacó el valor y la entereza de hombres y mujeres que no dudaron en que, a pesar de ser ajusticiados, Cristo tenía reservado un sitial de amor en el reino de los cielos para ellos.
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El Cardenal Francisco Robles, quien está a cargo del resguardo de las reliquias, accedió a que fuesen traídas de la Diócesis de Guadalajara a la de Cuernavaca, a petición escrita del Obispo Ramón Castro Castro, según lo dio a conocer, previo a la llegada de las reliquias, el padre Israel Tapia, quien acompañó al Obispo a recibir las reliquias para colocarlas en Catedral, a la vista de los feligreses.
Fue el padre Israel Tapia quien refirió, previo a iniciar la celebración religiosa, al lado del Obispo Castro Castro, cómo las personas fueron ajusticiadas por defender la fe, a pesar de que aparentemente dejarían en el desamparo a esposa e hijos, afirmando en respuesta que ellos estarían bajo el cuidado de Cristo Rey, y que no podían estar en mejores manos.
Hombres y mujeres que referían a los guardias antes de ajusticiarlos que, en realidad, les hacían un favor, pues los acercarían a Cristo antes incluso de los que ellos mismos tenían previsto, y que a los militares que los ajusticiaban aguardaba también el mismo día, el del encuentro con el Creador, y que volverían a verse. Mártires, refería el padre Tapia, que incluso con el corazón lleno de fe lo ofrecían para que, con las heridas de los disparos de quienes los ajusticiaban, vieran cómo desbordaba su amor por Cristo Rey y que no temían dar la vida por él.
La presencia de las reliquias, afirmó el Obispo, nos conecta con el testimonio de la fe. Son también testimonio de la fe en la resurrección, del valor y la entrega. Para nosotros, agregó Castro Castro, son fuente de inspiración y compromiso.














