En Estados Unidos, el péndulo político fue movido a la izquierda, será su responsabilidad convertir esa mayoría en una presidencia.
El martes pasado se llevaron a cabo en Estados Unidos las elecciones intermedias, en donde se disputaron 435 curules en la cámara de representantes -su cámara de diputados-, 35 de los 100 asientos en el senado y 36 gubernaturas.
Si bien el pasado martes los ciudadanos no eligieron a un nuevo presidente, las intermedias son importantes debido a que dotan de instrumentos o limitan el poder de la figura presidencial. Para Trump, las intermedias definirían la comodidad con la que vive sus últimos dos años de gobierno, de perder tendría inconvenientes para aprobar presupuestos, nombramientos y leyes, pero perder la comodidad no significa perder el poder.
Después de las campañas, llegó el martes de votaciones con la predicción de que los demócratas tendrían una ligera ventaja para ganar la cámara de representantes, y podrían, si tenían éxito, empatar en el Senado. La jornada empezó con normalidad, y al cerrarse las casillas y empezar a emitirse resultados en todo el país, los demócratas empezaron a tener una ventaja muy alta, que fue advertida como engañosa por analistas, debido a que son los votos anticipados normalmente de los demócratas.
Poco a poco esa ventaja se empezó a ver igualada, pero en ningún momento fue superada, para las ocho de la noche, los demócratas tenían una ventaja significativa, tanto en el Senado, como en la cámara de representantes y también en las gubernaturas.
Los periódicos como el Washington Post, y el New York Times advertían con anticipación tras un análisis detallado, que, a pesar de no haber resultados finales, los demócratas tenían una posibilidad de un 95% de obtener control de ambas cámaras.
Para el final del día, el partido azul en Estados Unidos festejaba una victoria; los pronósticos advertían de una ligera ventaja, pero lo que ocurrió fue una derrota del partido republicano, que hoy solo controlará el ejecutivo, pues el legislativo le pertenece con una mayoría cómoda a los demócratas.
Pude observar que diferentes opiniones y análisis de las elecciones apuntan a que el resultado se debió a lo mucho que Donald Trump y su gobierno han estirado la liga en últimos tiempos. Es decir, hoy los precios del costo de vida que se producen en el supermercado, gasolina y renta, las decisiones en política internacional como la guerra en Irán y las acciones del presidente han tenido una afectación directa en el bolsillo de las personas, quienes pragmáticamente han castigado con el voto a favor de un partido demócrata, que hoy está poco a poco girando su narrativa de la protección de derechos humanos a la defensa de trabajadores y la reducción de los costos de vida.
Para los demócratas, hoy existe una ventaja: hoy la inercia y la mayoría que tienen en el congreso deberán cuidadosamente convertirla en una posibilidad sólida de competir por la presidencia en el 2028. Mientras tanto, Trump tiene la posibilidad de negociar o confrontar, por supuesto, considero que confrontará, pero hoy puede enfrentarse a ser el “lame duck”, es decir, el presidente que acaba su mandato y que hoy solo calienta el asiento para el siguiente.
Me da gusto que hoy Estados Unidos haya reaccionado ante las atrocidades que el gobierno de Estados Unidos está haciendo en el mundo e incluso en sus mismas calles; es importante que hoy que son confrontados los gobiernos de la nada, se proponga algo de sustancia y se trabaje por ello.


